El autor: entre la amistad, la medicina y el arte
Por Rosina Valcárcel
Mi primer recuerdo de Gamaniel Raúl Guevara Chacabana se remonta a 1962. Como un tierno trocito de carbón evoco ese año, mi pubertad rota y mi lapicero rojo. Gamaniel era un joven pensativo, callado y tímido. Era un buen socialista, con un compromiso real, defensor de las causas populares. Yo sólo era una despistada colegiala de tercer grado de Secundaria. Su calor humano nos envolvía, una mañana dominical en una playa lejana color ágata, llamada La Chira , más allá de Chorrillos, cerca de muchos jóvenes, adolescentes y pioneros, habló y nos dijo algo así como: --Si las horas no vuelven, no importa, la energía, la presencia física y/o espiritual de nuestra gente es lo que interesa. Los maestros y héroes son el ejemplo.- Dejé de verlo muchísimos años. Hubo pánico y dispersión entre los militantes. Hubo divisiones dramáticas. La gran familia se desintegró, se atomizó. La Historia tuvo bemoles inesperados. La Historia universal giró, el Muro cayó, la Historia se suspendió. Hoy nuestra ciudad sucumbe encadenada. Otras patrias abren su corazón con justicia. El Perú a menudo es una noche extraviada. Pero, bajo las alas del viento matinal, la amistad prístina nos aguarda con sus nobles ojos inquietos. La voz del galeno genial Vital Scapa nos une, su alma generosa, su sabiduría. El resto es un mazo de naipes, un dolor que se encona, un manto de abejas zánganas.
Gamaniel Raúl Guevara (Lima, 1943), médico de profesión, es un humanista singular, un verdadero discípulo de Hipócrates: «él entra en las casas con el único fin de cuidar y curar a los enfermos», «evita toda sospecha de haber abusado de la confianza de los pacientes, en especial de las mujeres» y «mantiene el secreto de lo que crea que debe mantenerse reservado».
Su vínculo con la literatura data de sus fervorosos años de universitario, cerca de poetas, pintores y quijotes de la Generación del 60 como César Calvo, Francisco Izquierdo, Carlos Franco, Adriana Palomino, Cato Franco, entre varios.
También ha publicado textos, artículos de su especialidad en revistas nacionales y extranjeras; y es editor de la valiosa revista Paediatrica. La musa fragmentada es su primer poemario. Valió la pena aguardar.
Raúl Guevara (Lima, 1943) es médico de profesión, pero su vinculación con la literatura data de sus años de estudiante, La musa fragmentada es su primer poemario. Asimismo, ha publicado artículos de su especialidad en revistas nacionales y extranjeras, y ha editado la revista Paediatrica .
Breve muestra de La Musa Fragmentada
2
VUELO TRUNCADO
Un oscuro escarabajo revolotea en mi dormitorio,
despiden sus élitros un sordo zumbido de helicóptero.
Se topetea ciego con las lámparas, los estantes,
los revoques
del techo.
En su equivocada ronda
atraviesa el círculo
de mi noche insomne,
altera el horizonte de mis doradas fantasías,
cruza los linderos del amor,
toca el cuerpo de mi compañera.
¿Qué hace aquí esta obstinada criatura?
¿Cómo vino a dar aquí este robot sin brújula?
Le he dado un golpe enérgico con el libro
y el animal aturdido ha caído en un rincón.
No he sido amable ni agradecido con él,
pues su confuso vuelo enderezó mis pensamientos,
dio lugar para escribir
estas líneas de respeto a la vida,
estos versos de ocasión
que hoy pretenden ser poema.
5
YO NO SÉ DÓNDE
Yo no sé dónde se pierden los cielos
esta tarde
en qué luna en qué horizonte
en qué ruido de campanas se disuelven
sus luces sus fuegos
sus volcanes
yo no sé dónde se habrán ido sus humos
por qué ojos sus medallas
por qué atajos sus topacios
sus pavesas
yo no sé en qué mares se habrán hundido sus navíos
sus cordeles sus banderas sus castillos
aquí sólo han quedado espinos
árboles calcinados petrificados peces
agitadas sombras atizando el silencio
de desconcertantes soledades…
Lima, 18 febrero de 2009.
