INVITACIÓN: ABORDAJES EN LA CASA DE LA LITERATURA PERUANA
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LOS LÍMITES DEL ODIO: UN LIBRO PARAEL APOSTOLADO DE LA NACIONALIDAD
Rolando Sifuentes
Un enfrentamiento brutal con la realidad. Que todo el que lea este libro se convierta en apóstol de la nacionalidad. “Los límites del odio” debe ser para nosotros como la Biblia para un cristiano. Debemos aprender de nuestros errores y no dejarnos mangonear por falsos apóstoles que traen la ruina a nuestro país.
EL libro enfoca la Guerra del Pacífico desde un ángulo crítico, ve más el aspecto ideológico que la descripción de la acción bélica misma de la contienda. De ahí que la acción militar es mencionada solo para apoyar la opinión del autor sobre los actores principales de ambos bandos. La opinión del autor está en todas las páginas del libro. Y ya era hora que en nuestro país saliera este tipo de enfoque sobre esta parte de nuestra historia para complementar lo que hasta ahora tenemos: libros de texto más las últimas obras de estilo literario relacionados a este tema que datan de por lo menos dos décadas entre los cuales destacan los libros de Guillermo Thorndike y Congrains Martín.
ANTECEDENTES
El primero de los arriba nombrados no sé si fue una novela histórica o una historia novelada, pero estaba escrito con la técnica de la novela tratando siempre de ser objetiva. El segundo: la colección de Congrains, era menos ambiciosa, pero también muy interesante e iba desarrollándose cronológicamente en la descripción de las batallas, y habían opiniones del autor, pero con menos densidad que el libro de Briceño Berrú. Ambos trabajos cumplieron sus objetivos y quedaron ahí. Después de ellos poco se ha escrito sobre esta guerra de la cual se ha escrito muy poco debido al ocultamiento oficial, quizás por vergüenza. Y ahora tenemos algo diferente que llena un vacío, y viene a ser una denuncia que complemente a la historia oficial y las historias noveladas. El libro pretende ir más allá y no sólo el derrotero para comprender nuestra verdadera historia, la historia que por la década de los años 70s se pensó que la escribirían los nuevos historiadores que prometían mucho y al final se apagaron porque simplemente se dejaron engullir por el sistema.
EL LIBRO
Briceño Berrú nos enfrenta brutalmente con la realidad. En esta realidad debemos primero deslindar cual es el planteamiento del autor. A mi parecer aquí se hace un deslinde de la cuestión ideológica de los gobiernos: del Perú y de Chile, y queda aclarado que es allí donde radica nuestra mayor debilidad. En todo el libro se pone de manifiesto que la ideología del hombre común y gobierno de Chile, es el expansionismo de sus fronteras. Y las víctimas fueron sus vecinos cuyos gobernantes confiaron a ciegas en Chile como lo vemos desde el primer capítulo titulado “Las dimensiones del crimen”. Por la parte peruana queda de manifiesto la ausencia de alguna ideología unificadora de la cohesión ciudadana en el país. Somos un país desarticulado y macrocefálico.
Y esa sea quizás la justificación de este libro: poner en claro nuestra triste realidad en cuanto a capacidad de respuesta a agresiones internas y externas. Que todo el que lea este libro se convierta en apóstol de la nacionalidad que ayude a desterrar los egoísmos que tanto daño nos han hecho como lo estamos viendo al leer desde la primera hasta la última de sus páginas. Y tenemos que poner especial énfasis cuando nos referimos al caudillo Nicolás de Piérola, de quién se encontrará amplios informes aquí. Se note la semejanza que hay entre él y nuestro actual presidente, Alan García, inclusive García ha confesado a la prensa: que él es émulo de Piérola. No dijo García si ello se debía en que ambos tuvieron dos periodos presidenciales o lo dijo porque coinciden en que ambos trataron de entregar el Perú a los chilenos.
PROYECCIONES
Sobre los líderes actuales como García, Toledo y Fujimori, hay también aquí, en el capítulo III, un pequeño comentario, de pocas palabras pero que dice mucho: se denuncia la complicidad de estos personajes con intereses chilenos para permitirles entrar al país y hacerse de sectores estratégicos, sin tener en cuenta la historia de sangre y latrocinio que los del sur protagonizaron en nuestro país. Las intervenciones de Chile en el Perú vienen desde muy atrás: desde los mismos días de nuestra independencia hasta el año 1929, año en que ya termina todo. Son 108 años de intervención, o sea que Chile no es como cualquier otro enemigo pudiera ser. Los pacifistas peruanos, se desgañitan diciendo que debemos olvidar todo, que hagamos como Alemania y Japón que habiendo sido destruidos sus países en la Segunda Guerra Mundial, ahora son grandes amigos con sus enemigos de ayer; y eso es cierto, pero en nuestro caso no podemos hacer un símil con aquellos países. Chile no es Francia ni Inglaterra ni Estados Unidos, se parece más al estado de Israel que va ganando terreno en cada batalla y ya se ha repetido miles de veces la política expansionista de ellos que es perenne y tienen al Perú como su víctima preferida.
PUNTOS PRINCIPALES DEL LIBRO
Debemos poner especial atención a tres de los capítulos de Los Límites del Odio. Estos son el I, el IV, el VIII, y la conclusión que está en el XVIII. Veámoslos uno por uno:
En el capítulo I, “Las Dimensiones del Crimen”, se hace una lista de los principales abusos cometidos por los chilenos, y están enumerados del 1 al 22. No fueron abusos de la soldadesca en momentos que no hubieran estado controlados por sus oficiales, no, ello proviene de órdenes de su propio gobierno, de enviar “merodeadores” para destruir instalaciones civiles e industriales para de este modo debilitar a nuestro país por lo menos los próximos 50 años, cosa que sucedió en la realidad.
En el capítulo IV se demuestra que la victoria de Chile no se debió a su decantada superioridad de raza ni a la supuesta habilidad de sus estrategas militares. Aquí se menciona por enésima vez la malhadada existencia de ese personaje llamado Nicolás de Piérola.
En el punto 4 de este capítulo se hace hincapié a la extrema credulidad de los gobernantes peruanos que no pudieron o no quisieron comprender la índole perversa y oportunista de los vecinos del sur. Este punto es de lo más importante para nosotros, debemos aprendernos esto y leérselo a los más jóvenes para no olvidar la Historia. En este punto 4 se menciona a la segunda incursión de expedicionarios chilenos en nuestro suelo al mando de Blanco Encalada y que llegaron a tomar Arequipa.
Un acápite es necesario aquí para mencionar otra estrategia chilena contra nuestro país en la que utilizaba a nuestros propios connacionales para llevarla a cabo: es lo referente al papel que cupo a los inveterados sediciosos peruanos que movidos por intereses egoístas no vacilaron en recibir ayuda del gobierno chileno para fomentar la anarquía y debilitarnos. Estos malos peruanos sirvieron en muchos casos inocentemente al plan chileno de minar la economía nacional, desde antes de emprender su empresa guerrera. Aparte de Piérola, quien sin duda es el principal enemigo de su patria, también se menciona en este capítulo a Gamarra, La Fuente, Vivanco y otros líderes más de menor importancia, pero que en conjunto minaron el poderío peruano para defenderse de agresores que, por el contrario, contaban con el apoyo del imperio inglés.
En el capítulo VIII también se hace mención al apoyo que Chile da a los sediciosos no solo del Perú, sino también a los de Bolivia y Ecuador.
CONCLUSIÓN
Y finalmente, en el capítulo XVIII, en sus palabras conclusivas, se hace un paralelo entre los gobernantes de 1879 que permitieron que nuestro país se hundiese en la ignominia de una derrota deshonrosa y los actuales gobernantes que mucho se parecen a ellos. A estos habría que recordarles las palabras del historiador francés Marc Bloch: “entender el pasado es una de las claves para construir el futuro”.
Los límites del odio, pues, creo que debe ser para nosotros como la Biblia para un cristiano. Debemos aprender de nuestros errores y no dejarnos mangonear por falsos apóstoles que traen la ruina a nuestro país.

CONVOCATORIA
LIBRO DE POESÍA BREVE
HIPOCAMPO EDITORES invita a los poetas a participar
en la Colección Hipocampo de Oro: “10 POETAS PARA EL 2010”.
FINALIDAD:
Publicar 10 libros de poesía de autores peruanos (sin distinción de raza, religión, edad o género) que se editarán este año como parte de la Colección Hipocampo de Oro: “Diez Poetas para el 2010” por el décimoquinto aniversario del sello.
BASES:
1. Libro inédito escrito en castellano. Si el libro está en otra lengua –que se hable en nuestro territorio– deberán enviar también la traducción al castellano.
2. La extensión máxima es de 40 poemas (aprox.) no mayores de 20 versos cada uno, escritos a doble espacio en tipo 12.
3. El libro no debe estar participando en concurso alguno ni tampoco haber sido publicado en versión digital u otro medio.
4. La fecha límite de envío de los libros es el 30 de junio del 2010. Enviar a: editor@hipocampoeditores.com con copia a teogu@yahoo.com, y consignar un número telefónico fijo.
5. Los costos de la publicación, el diseño y otros detalles los asume la editorial.
6. Todos los libros están sujetos a evaluación de un Jurado de reconocido prestigio.
7. Los aspectos legales sobre los derechos de Autor solo se tratarán con quienes resulten elegidos.
8. Los libros seleccionados serán presentados en el mes de noviembre del 2010.
9. Cualquier otro punto no considerado aquí será resuelto por el Jurado.
10. El fallo es inapelable.
Lima, 12 de marzo de 2010
PUNTOS IMPORTANTES AGREGADOS A ESTAS BASES:
a) Si los libros no reúnen la calidad poética requerida, razón y finalidad de esta convocatoria, el Jurado elegirá las obras que crea conveniente y no necesariamente se tendrá que elegir diez de ellas, declarando desiertos los restantes espacios.
b) Pueden enviar poemas más extensos pero no deben exceder la cantidad de versos señaladas en las bases.
c) Se amplía la fecha de envío hasta el día 30 de julio del 2010.
Lima, 26 de mayo de 2010
FICHA TÉCNICA
Autor: Carlos L. Orihuela
Título: Abordajes y aproximaciones.
Ensayos sobre literatura peruana
del siglo XX (1950-2001)
Editorial: Hipocampo Editores 2009.
Travesías literarias
Resumir una etapa de creación literaria (1950-2001) resulta tarea ardua y satisfactoria. Significa alto vuelo.
La vida académica del docente universitario de San Marcos Carlos L. Orihuela ha estado regida y se rige por el afán puesto en el arte de las letras, para ser preciso en el ensayo, campo al que ha aportado con sus ponencias y estudios sobre las letras peruanas, los que ha presentado en certámenes de literatura organizados por universidades estadounidenses e hispanoamericanas. Llamemos viaje intelectual a lo que ha hecho y los lugares que ha tocado son muchos y sobre ello ha escrito, para aportar datos y argumentar ideas a lo ya conocido, rescatar o sacar a la luz lo que oculto está. Son tantos los lugares en que sus ojos se han posado y, por tanto, las impresiones salidas de su buen ver intelectual son pares y singulares. Nueve son las elegidas y por ser elegidas, este trabajo toma el nombre de antología, a eso responde Abordajes y aproximaciones. Ensayos sobre literatura peruana del siglo XX (1950-2001).
El viaje intelectual de Carlos L. Orihuela abarca el feliz período de quince años y en él se abordan temas como la literatura negra, en el que nos aproxima y nos permite conocer a uno de los más emblemáticos poetas negros de arraigo popular, el decimista Nicomedes Santa Cruz, creador de luces poéticas y orgulloso del color de su poesía. Esto va más allá y se detiene en la prosa, terreno de Gregorio Martínez y Antonio Gálvez Ronceros, quienes recrean con gracia y humor el cotidiano vivir de la gente negra, cuyo destino no es siempre del color de su piel, pues la alegría y el protagonismo no son monopolios de raza alguna. En la escritura de ambos se siente la atmósfera en que se desenvuelve la gente negra, su habla, sus vivencias. El protagonista, bueno o malo por ser humano, es el negro. El negro en la historia es la trama de la novela Malambo, de Lucía Charún-Illescas, que nos relata las peripecias de un negro en busca de su padre. Esta novela seubica en los tiempos coloniales. Por burla del destino, el protagonista muere a manos de su progenitor.
Por cuestión de espacio, se hace un comentario breve de algunos ensayos. En “Historia y autobiografía en Historia de Artidoro de Washington Delgado” se argumenta que en la obra de un escritor siempre hay una que es la llave para abrir las puertas que nos lleven a comprender su obra integral y en el caso de Delgado, lo dice Orihuela, lo es Historia de Artidoro: “que constituye la configuración de un sujeto narrativo cuya funcionalidad sintetiza a niveles profundos un epílogo autobiográfico y un compendio ideológico e histórico”. Con Historia…, su autor va al encuentro de su personalidad poética porque ya sabe lo que persigue con la palabra. Integrante de la generación del 50, como el novelista Carlos Eduardo Zavaleta. A esa generación se asocia a la poeta Blanca Varela, de ella afirma el antologador que es un caso peculiar en el proceso de la poesía peruana y latinoamericana. El pertenecer a una generación no determina que se esté integrado o integrada a una escuela, lo que se tiene en común es la década o año, cada uno crea según su criterio. Varela trazó y definió su vuelo poético, y de esa decisión incomparable e intuitiva, nacida del desgarro del alma, floreció simple y bella poesía. Ese puerto siempre existió y solo faltaba buscarlo en el inmenso mar de su alma. Tienen cabida en esta selección las aproximaciones sobre el poeta horazeriano que explora lo novedoso en los extramuros de la palabra: Enrique Verástegui.
Nace un libro, ya hay una razón para que los ojos existan y el cerebro se ponga en ristre. La antología de Carlos L. Orihuela sintetiza cincuenta años de literatura peruana y ojalá sea el inicio para que aparezcan otras que están a la espera. (RYM)
Publicado en:
Revista Variedades 155, 2010
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LIMA |
PRIMERA FILA 01 de Enero del 2010
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Miguel Gutiérrez
LIMA | Año de homenajes merecidos, y también de lamentables partidas a la dimensión desconocida. En general, fue un período ampliamente favorable a la aparición de buenos libros de poesía. Y es alentador que las voces de la mal llamada “provincia” rompan el cerco limeño.
La narrativa, por su parte, ofreció actos interesantes o de calidad estimable. Y como marco digno de alabanza, la consolidación de lo fantástico y de la ciencia ficción, gracias al trabajo persistente de autores como Elton Honores, Daniel Salvo y Carlos Saldívar. La nota enervante estuvo a cargo, sin duda, del necio alcalde miraflorino Manuel Masías, quien, con gesto de supina ignorancia, impidió que la tradicional Feria del Libro se realizara en el Parque Kennedy, su territorio de siempre a lo largo de tres décadas. Y un gran aplauso para la Cámara Peruana del Libro que, sin bajar los brazos, buscó una solución sensata e imaginativa frente a la estulticia edil, enemiga de la cultura.
La profusión de editoriales y producción nativa abundante no pueden confundirnos. Nunca se han publicado tantos libros locales; sin embargo, no todo lo que brilla es oro. Muchos entusiastas y espontáneos se lanzan al ruedo e impiden apreciar el verdadero talento y entrega a la literatura con conocimiento de causa. Dar gato por liebre en el Perú es muy fácil (sobre todo, si se cuenta con recursos e influencia mediática: el caso Cattone es el mejor ejemplo, como hace unos años lo fue el cantante Gianmarco).
Todos los ciclos se cumplen. Esta es nuestra lista y se ciñe exclusivamente al gusto personal (sin orden de prevalencia): Poesía: Dorada Apocalypsis (Tranvías editores-Intermezzo tropical, 2009), de Domingo de Ramos; Nocturama (Álbum del Universo Bakterial, 2009), de Diego Otero; Cadáveres (Mesa Redonda, 2009), de Alejandro Susti; Summer Screams (Hipocampo editores, 2009), de Francisco León; Danza finita (Hipocampo editores, 2009), de Stanley Vega; Teoría de los cambios (Sol Negro-Cascahuesos, 2009), de Enrique Verástegui.
Narrativa: La bandera en alto (Editorial San Marcos, 2009), de José B. Adolph; Confesiones de Tamara Fiol (Alfaguara, 2009), de Miguel Gutiérrez; Segunda persona (Mesa Redonda, 2009), de Selenco Vega; Haruhiko&ginebra (Correo Central-Muro de Carne Ediciones, 2009), de José Donayre Hoefken; Otra vida para Doris Kaplan (Borrador Editores, 2009), de Alina Gadea; Corte y confección (PUC, 2009), de Pedro Pérez del Solar; Breve historia del fútbol de Indonesia (PUC, 2009), de José Carlos Yrigoyen; Ahí va el señor G (Norma, 2009), de Juan Manuel Chávez; El ladrón de monosílabos (Ediciones SM, 2009), de Ángel Pérez. Ensayos críticos e investigaciones: Claves para leer a Vallejo (Colección Súmmum, Editorial San Marcos, 2009), de Ricardo González Vigil; Poéticas andinas. Puno (Pájaro de fuego, 2009), de Mauro Mamani Macedo; Mito, cuerpo y modernidad en la poesía de José Watanabe (Cuerpo de la metáfora editores, 2008), de Camilo Fernández Cozman; Historia de los sismos en el Perú. Catálogo Siglos XV-XVII (Universidad de Lima, FDE, 2009), de Lizardo Seiner Lizárraga.
Volúmenes colectivos: Discursos contra la bestia tricéfala (Hipocampo editores, 2009), de Rodolfo Ybarra, Arturo Delgado Galimberti y Rafael Inocente. Antologías: Palo y astilla. Padres e hijos en el cuento peruano (Alfaguara, 2009), edición de Jorge Eslava; Poetas peruanas de antología (Mascapaycha-ACID, 2009), selección y estudio de Ricardo González Vigil; Antología íntima. Cuarenta años de historias (Casa Tomada, 2009), de Carlos Calderón Fajardo.
Ediciones especiales: El derrumbe de la Casa Usher (PUC, El manantial oculto, 2009), de E. A. Poe -edición de Ricardo Silva-Santisteban-; Poesía vanguardista peruana I y II (Pontificia Universidad Católica del Perú, 2009), edición y prólogo de Luis Fernando Chueca; Los deberes. Los himnos (Fondo Editorial UCSS, 2009), de San Ambrosio -edición y traducción de Julio Picasso Muñoz-. Revistas: Intermezzo tropical; Argonautas; Un vicio absurdo (U. de Lima); El Hablador (virtual); Velero 25 (virtual).
puntuales
Las entrañables ausencias: Enrique Congrains Martin y Blanca Varela.
El justo tributo: Julio Ramón Ribeyro y E.A.Poe.
Lo bueno: la poesía peruana y la lucha de la Cámara Peruana del Libro.
Lo malo: La novela de Cattone.
Lo feo: El desatino de Manuel Masías, alcalde de Miraflores, con la Feria del Libro Ricardo Palma.
para DISCURSOS CONTRA LA BESTIA TRICÉFALA
de Rodolfo Ybarra, 
Arturo Delgado
y Rafael Inocente,
reciente
publicación de
Hipocampo Editores.
Lima, diciembre de 2009, 160 pp. Formato A5.
ISBN Nº 978-612-45205-5-6
En el texto de El manifiesto comunista, publicado la primera vez por la Liga Comunista de Londres en 1848, Karl Marx y Friedrich Engels jamás utilizan la palabra capitalismo, sustantivo común que denomina una etapa histórica en la civilización. En aquel llamado urgente a la unión de los pobres del mundo, que lo único que podían perder eran las cadenas, Marx y Engels solo se refieren al adjetivo capitalista, no al sustantivo de marras. Mejor dicho, aluden al modo de producción predominante en la economía de los países europeos más desarrollados en ese momento del siglo XIX. Pero el hecho es que los forjadores de la teoría marxista no mencionan el nombre del ideario burgués, el capitalismo como una etapa de la historia.
Dicho sustantivo, capitalismo, tampoco aparece en el primer tomo de El Capital, 1867, donde Karl Marx plantea su tesis económica que, según su análisis concreto, determina la violencia y las contradicciones sociales. Recién en 1877, en comunicación con revolucionarios rusos, Marx usa el vocablo capitalismo, en el sentido de etapa histórica, para explicar el tránsito de Rusia feudal hacia una nueva y moderna formación social. Después, décadas más adelante, Lenin teorizará sobre este aspecto en el libro Desarrollo del capitalismo en Rusia.
Por fortuna, aquellas tergiversaciones que los comisarios soviéticos introdujeron a mansalva en los textos marxistas, con la ávida complicidad de la Academia de Ciencias de la URSS, incluida la edición Fondo de Cultura Económica de El Capital, no afectan en lo substancial el punto en cuestión. Esa evidencia quedó como testimonio de prueba.
Trasluce, entonces, que el término capitalismo, en todas las lenguas modernas, tiene una procedencia tardía, siglos después del advenimiento de la propia ideología que el vocablo encarna conceptualmente.
Distintas fuentes coinciden en señalar al británico William Thackeray, el escritor satírico autor de la novela Vanity Fair, como el primero que en 1854 utilizó la palabra capitalismo, sustantivo común, en su acepción de sueño e ideal burgués.
Para mí, esta tardanza refleja un síntoma que la cultura europea nunca ha reconocido. Que la idea de rédito y sentido mercantil, el “espíritu fenicio” al que se refiere prejuiciosamente Mario Vargas Llosa en El paraíso en la otra esquina, llegó muy tarde a Europa a través de los árabes y los judíos, la cultura semita. Nada lo prueba mejor que la obra dramática El mercader de Venecia de William Shakespeare. Increíble que tan tarde como el siglo XVII, un italiano propietario de navíos era incapaz de entender que un préstamo o crédito estaba sujeto al pago de intereses, como lo reclama en la obra el judío rico Shylock.
En cambio, en el Perú antiguo, aimaras, huancas y chinchas ya habían asumido el mercantilismo y las ferias de trueque como una actividad para acumular riqueza, algo que no resulta inusitado en América precolombina si pensamos en el gran mercado de Tenochtitlán que, en el siglo XIV, eclipsaba a las mayores ferias y trocaderos de Europa, dicho por un testigo europeo como el joven Bernal Díaz del Castillo que estuvo entre las huestes de Hernán Cortés.
Como etapa de la historia, el capitalismo ya es difunto. No lo mataron las estrategias y tácticas del feroz marxismo leninismo trotskismo maoísmo sino el propio ir y venir de la dinámica de la civilización. ¿Acaso el corsi y recorsi, esa teoría de la víbora de dos cabezas de la que hablaba el modestísimo maestro napolitano Giambattista Vico? Que responda el oráculo Eric Hobsbawm, quien al desmoronarse el imperio soviético se aferró a la entelequia llamada neomarxismo por los teóricos académicos.
Hoy, en la primera década del siglo XXI, lo cierto y factual es que el capitalismo murió antes que ocurriera, en 2009, el último cataclismo financiero de Wall Street. El capitalismo como etapa histórica empezó su agonía cuando desaparecieron los magnates del acero, del petróleo, de los ferrocarriles, de las finanzas. Aquellos reconocibles íconos burgueses, abusivos e ignorantes, a veces disfrazados de filántropos caprichosos, llamados Mellon, Rockefeller, Ford, Carnegie, Morgan, Guggenheim. Ahora solo quedan sus fundaciones filantrópicas, algunas coludidas con la CIA como la Ford Fundation, magnífico reducto en el cual los magnates cobijaron sus fortunas para salvarlas del hacha de los impuestos y no por altruismo cultural como creen algunos incautos.
Esto lo afirmo a la vista de tres puntas filudas, tres discursos letales acicalados por Rodolfo Ybarra, Arturo Delgado Galimberti y Rafael Inocente, cada uno con garlopa propia. Lo afirmo con la certidumbre de que el preludio artístico siempre se adelanta a las constataciones de la ciencia, a los análisis de la teoría política o económica que el marxismo leninismo dicta que sean concretos y correspondan a una situación también concreta. Lo digo aquí, donde un trío de escritores, pasando por encima de la megalomanía libro/autor, se lanzan machete en mano contra la bestia tricéfala.
De Rodolfo Ybarra celebro el desenfado que a veces puede resultar ofensivo y hasta gratuito. Pero de eso se trata, precisamente, de lograr hervores en el lenguaje, sin condiciones. Si el resultado es perturbador, mucho mejor. Hay un buceo en la mitología urbana conforme Rodolfo Ybarra aborda el acontecer citadino. El logro es una nueva crónica que con intención, o solo por coincidencia, se convierte en documento. Tal estrategia tiene antecedentes, logros cenitales y genitales como el alcanzado por el cronista indígena Felipe Guaman Poma. Cuando se sueltan las riendas de la escritura y de la creatividad, nunca se sabe.
Muy distinto en apariencia, resulta Arturo Delgado Galimberti. Emparentado con mecanismos de escritura ciber, pero arraigado siempre en la factura artística, en la búsqueda de alcances literarios. Por mi lado, ninguna objeción contra el artificio. Al contrario, la literatura establece sus propias reglas secretas de un juego infinito. En esto tenemos que ser realistas para no caer en la escritura de baja estofa. El juego ciber y de espejos que maneja Arturo Delgado Galimberti verdaderamente deslumbra y consigue una atmósfera de algo que ocurre en otra dimensión, aquella de la tierra incógnita. Antes se podía hablar de experimentalismo, actualmente no. Toda escritura plena implica riesgo y experimento. Hay como un llamado y una tentación de la fruta prohibida.
Sin propósito determinado, o quizás a sabiendas, con intención preconcebida, el tridente discursivo y narrativo actúa igual que la serpiente Ouroboros. Se muerde la cola. Rafael Inocente cierra el círculo. Vuelve al logos de la urbe, al idiolecto de los extramuros. Entonces, el relato fermenta, se desborda. Pero ahora el mito urbano es diferente. Otra manera de urdir el discurso. Aunque tal vez no tanto. Víbora o serpiente al final es lo mismo. Colmillo más efectivo que la chaira de William Occam. ¿Acaso la prosa de Martin Adán, en La casa de cartón, no se desplaza también como un ofidio terso? Un cielo de Barranco color panza de burro. ¿Y cuál es el color del ámbito de un barrio de los extramuros? Rafael Inocente desembucha su relato y así empalma con el desenfado de Rodolfo Ybarra.
Al terminar la lectura de estos tres materiales de distintos autores, veo en el cinema de la mente a Manuel Scorza, hablando como invitado en el congreso de escritores jóvenes que se realizó en la Universidad de Ingeniería en 1964, cuando ninguno de los tres autores había nacido. A mí no me permitieron participar por chusco e inédito irremediable. El proyecto editorial de Manuel Scorza, Populibros Peruanos, había sido un éxito abrumador. Sin embargo, Manuel Scorza pronosticó la muerte del libro de papel. El disco long play era la voz. Pero se quedó corto y no advirtió que entre libro impreso en papel y capitalismo hay un nexo siamés. Nacieron juntos y unidos en el siglo XV. Están signados por la misma suerte.
En la obra ficticia Utopía, tan temprano como 1516, Tomás Moro crea la bandera roja con la hoz y el martillo que simboliza la alianza del campesino con el artesano, emblema que cuatro centurias más tarde asumirá la revolución soviética y el comunismo mundial. No se trataba de un símbolo proletario porque en los tiempos de Tomás Moro la manufactura era menester de artesanos, maestros y aprendices.
Pero constituye un hecho que el capitalismo germinó y creció en Europa, a partir de la semilla del mercantilismo que había llegado del sur, de la tierra del higo y el dátil, donde nunca hubo hoja de parra para cubrir coño o verga. Por donde se le mire, el capitalismo resulta al final una experiencia neta de la cultura occidental, de los mercaderes y factores que fletaban las naves para los viajes de descubrimiento y conquista, como el caso de Marco Polo que a la par que acarreaba mercancías, a cambio de espejitos y cuentas de vidrios coloridos, acumulaba en la tutuma maravillosas historias de allende los mares que tanto encandilaron, luego, a Jorge Luis Borges. Aunque este se equivoca cuando afirma que Marco Polo dictó su relato en latín. No. Se lo dictó en veneciano, en la cárcel de Génova, al poeta Rusticiano de Pisa y este, maromero singular, lo transcribió en francés para eludir a curiosos y soplones.
Eso sí, en los siglos XV y XVI el capitalismo se alimentó y tomó fuerza y músculo con el oro de México y del Perú, el rescate de Atahualpa que permitió el monetarismo circulante, el ducado y la libra, y trasladó la bolsa mundial de valores de Venecia a Londres. Atahualpa disponía de más cash que el banquero Jakob Fugger que habilitó al rey Carlos I para que se convirtiera en el emperador Carlos V, comprando al chinchín los votos de los príncipes electores de Europa.
Sí, ha muerto el capitalismo en cuanto fase histórica. Incluso percibo un cierto olor a Thimolina, ese Chanel # 5 de color anaranjado que antes era el típico perfume de los difuntos acicalados. En cuanto momento de la historia, con respecto al capitalismo ya podemos decir: a otra cosa, mariposa, mariposa cachera, y voltear la página.
Esto no significa que se inaugure en la historia la fase socialista. No. Durante décadas, y quizás el siglo por delante, aún continuará predominante el modo de producción capitalista. Mejor dicho, seguirá vigente la manera como el capital en sus diversas formas —salario, crédito, maquinaria, instalaciones, materia prima, administración, expertiz— se constituye en el principal medio de producción de bienes tangibles o de entretenimiento y comunicación. El capitalismo como etapa de la historia, ya se acabó. No la historia como proclamó en un momento Francis Fukuyama, ideólogo del reaganismo y protegido del instituto de Henry Kissinger. Sin embargo, el modo de producción capitalista, tal cual lo caracterizó Karl Marx, continuará todavía normando la economía del mundo, imponiéndoles condiciones a los países pobres a sangre y fuego.
Justo, en el lapso en que Estados Unidos alcanzó la hegemonía económica mundial, cuando el imperialismo yanqui devino en el enemigo # 1 de los países del tercer mundo, las imágenes de los magnates y titanes del dólar se volvieron sal y agua, como dice el bolero cumbia. No más la catadura del feo John Pierpont Morgan ni la fisonomía del caballeresco Rockefeller que, muy mecenas, contrató al muralista rojo Diego Rivera para que hiciera un mural en el rascacielos Rockefeller Center de Manhattan. Esos íconos desaparecieron. Jamás llegaron a la televisión. Entonces, el lugar fue ocupado por el logo de las corporaciones.
Sin duda que los analistas políticos, embutidos de racismo aunque sean marxistas, cuadriculados por el esquematismo, dirán: la misma chola con distinto calzón. En verdad, sí se ha producido un cambio cualitativo en la naturaleza de la empresa capitalista, yanqui especialmente. No existen más los barones de las gigantescas corporaciones. Los propietarios son los anónimos poseedores de valores del stock market. ¿Anónimo no es masificación? ¿Masificación no es colectivismo?
Un sujeto del tercer mundo, el mexicano Carlos Slim, es actualmente el hombre más rico del mundo. Calladito, sin el menor aspaviento, ya es el real propietario de The New York Times, el diario emblemático de Estados Unidos. ¡Un charro, paisano de Pancho Villa, dueño de The New York Times!
Recordemos que en 1985, cuando el cubano Roberto Goizueta decidió cambiar la fórmula secreta de la Coca Cola, la legendaria Seven X, y lanzó la New Coke, un hombre de la masa, Gay Mullins, físicamente muy parecido a Ernest Hemingway, le salió al paso. Con unos pocos dólares, Gay Mullins adquirió una acción de la Coca Cola en el stock market y, ya propietario de la gran corporación, encabezó una campaña contra Goizueta, el nuevo presidente de la Coca Cola. Con el respaldo de algunos accionistas y la barra brava de 60 mil consumidores, Gay Mullins hizo retroceder a Goizueta, lo hizo morder el polvo. El empresario cubano retiró la New Coke y restableció la Coca Cola Classic como exigía la barra brava. Roberto Goizueta era coetáneo de Fidel Castro, habían estudiado en el mismo colegio y procedían de familias similares y privilegiadas, pero algo los condujo por caminos distintos, siempre como líderes y dirigentes.
Así, muy imbricados, se dan los cambios en las fases de la historia. Durante cien años, entre los siglos XIII y XIV, Francia e Inglaterra se destriparon en busca de la hegemonía monárquica en Europa feudal. Cuando ambas naciones acabaron desangradas y escuálidas, la historia volteó la página. No más feudalidad, carajo. La modernidad se había descolgado de cuajo sobre Europa. Incluso la modernidad fue marcada, a fuego vivo, por la publicación del primer libro hecho a imprenta con tipografía, la ahora famosa Biblia de Gutenberg en dos columnas y 40 líneas.
Algo similar ocurrió en el Perú cuando, debido a la captura de Abimael Guzmán, entró en receso la guerra civil desatada por Sendero Luminoso. Los rezagos de feudalidad que tanto habían atormentado a la izquierda marxista peruana, aun a José Carlos Mariátegui, desaparecieron en la sangre y el polvo. Algo irónico porque las más de 40 organizaciones marxistas que existían en la década del velasquismo dejaron de lado la lucha armada para discutir, hasta la estupidez, si el Peru era feudal, semifeudal o simplemente capitalista dependiente y neocolonial.
En el siglo XVI, Niccolo Machiavelli publicó El Príncipe, el mejor tratado sobre política monárquica, todavía feudal. Pero en la misma época, Tomás Moro sacó a la luz Utopía, la primera teoría política que expone un programa de gobierno socialista, explícito en la segunda parte del libro. Ese mismo siglo marca el nacimiento del mercantilismo que, con la formación de una clase especializada en tal menester, dará origen a la burguesía y al capitalismo.
En el Perú colonial y republicano, las encomiendas o haciendas cañeras de la costa que operaban dentro del modo de producción capitalista, insertaron el esclavismo en la economía peruana, una modalidad que pertenecía a una etapa histórica anterior al feudalismo. En los Andes, hasta el siglo XX, los gamonales como el poderoso senador Celestino Manchego Muñoz, continuaban utilizando la servidumbre y el pongaje dentro de una economía capitalista con habilitación bancaria. Territorialmente, Celestino Manchego Muñoz resultaba, incluso, el propietario de Huancavelica, pues la ciudad estaba dentro de los linderos de su hacienda.
Entonces, podemos afirmar que en el Perú la feudalidad muere cuando el capitalismo ya era difunto como fase histórica. Ahora, poco a poco tenemos que minarle el terreno al modo de producción capitalista. Alertas siempre porque el socialismo nació como una tendencia derechista hasta que Pierre Joseph Proudhon planteó su tesis, ¿Qué es la propiedad?, y él mismo se respondió: un robo. Marx fundamentó teóricamente la prédica de Proudhon y profundizó la tendencia hacia la izquierda. Lástima que por oportunismo político, Marx escribe luego pestes sobre Proudhon, el hombre humilde que pensaba que los propios trabajadores deberían escribir la teoría política, no los intelectuales que se empezaron a llamar, ellos mismos, profesionales de la revolución.

PresentaciónRodolfo Ybarra, Rafael Inocente y
Arturo Delgado en el lente de
Mónica Miranda R., 2009.
MÁS INFORMACIÓN SOBRE EL TEMA EN:
http://rodolfoybarra.blogspot.com/2009/12/espuesta-denegri-sobre-no-todas-van-al.html
http://rodolfoybarra.blogspot.com/2009/12/marco-aurelio-denegri-sobre-la-bestia.html
http://www.youtube.com/watch?v=GegaQ3BnD8g
http://carlosrengifo.blogsome.com/
http://www.diariolaprimeraperu.com/online/cultura/la-bestia-tricefala-y-el-nuevo-lenguaje_54009.html
http://rodolfoybarra.blogspot.com/2010/01/una-rata-con-manas-de-gata-que-finge.html
http://rodolfoybarra.blogspot.com/2010/01/la-tristeza-de-don-potencio-envio-de.html

La mayoría de las historias de Colina Cruz se erigen como una suerte de memoria colectiva de Guaranguillo, una aldea olvidada de la región de Jaén, en que junto al dolor, la violencia, la desolación se halla también el matiz humorístico de la comedia humana rural. Los personajes que son como sombras, como siluetas difuminadas o fantasmales, adquieren sustancia a través de la voz de de los distintos narradores, voces que dan cuenta, casi siempre en un tono expiatorio y aun de conjuración, de la violencia subversiva y contrasubversiva, del peso de la superstición y la intolerancia aldeana, o de la iniciación degradada del sexo y el descubrimiento de la muerte y de la levedad y futilidad de los actos humanos. Pero lo que confiere mayor jerarquía artística a Colina Cruz, no son las historias en sí mismas sino la textura de la prosa, fresca y precisa, con que Teófilo Gutiérrez ha sabido tejer las voces narrativas de sus deleitables cuentos.
Miguel Gutiérrez
Colina Cruz no es solo el rescate de la memoria; en sus historias seremos testigos de cómo la violencia es capaz de reinventarse para acabar con los últimos vestigios de la inocencia. La destreza narrativa de Teófilo Gutiérrez nos hará vivir –cual iniciados– esos momentos cruciales del Perú en que esta violencia deja ver su rostro antes de ejecutar a la víctima, allí en esos pueblos desolados, en donde lo raro, lo extraño y el asombro aún pervivían.
Miguel Ildefonso
El arte del cuento, por su extensión y precisión, requiere de ciertas claves y sugerencias para que el cuadro presentado adquiera intensidad y profundidad. Pero no bastan solamente las técnicas, menos el artificio; en el meollo, es la historia la que finalmente impondrá su ritmo y dirección, y la que seducirá o desalentará al lector. En Colina Cruz, la vida humana corre con la soltura quieta que la da la palabra, y el ambiente rural que baña todos los cuentos deja, por instantes, un hálito de melancolía. Los personajes –seres sencillos, en contacto directo con la naturaleza– se enfrentan sin remilgos a su destino, y es en aquel destino donde se hilvana la visión del autor, que no es para nada fatalista, sombría, ni poco edificante, sino más bien de una sutileza irónica, parejada con un rango aleccionador.
Carlos Rengifo
DATOS:
Estudió en la GUE San Miguel de Piura y literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado el libro de cuentos Tiempos de colambo (Sanval, Lima, 1996) y cuentos en revistas diversas. También colaboró en los diarios La Voz, La República, Ojo y en la Revista Somos de El Comercio. En 1989 obtuvo el Tercer Premio de Cuento Copé y en el 2004 el Primer Premio de Cuento 500VL-Municipalidad de Lima. Es creador del sello Hipocampo Editores. Nació en Jaén, pero desde los 9 años vivió en la calle Libertad, cuadra 1, frente al Teatro Municipal de Piura, y frecuentó a diario la casa del tío Néstor Martos Garrido, como le decían cariñosamente los jóvenes de entonces. Amigo de los mangaches de la Junín, los últimos. Este libro retoma la escritura dejada hace años para publicar otros libros de diversos autores de la literatura peruana. Publicamos Colina Cruz como un reconocimiento al autor-fundador por su calidad literaria fuera de toda duda.
Alicia Santos
EL DESCONOCIDO (también en la voz de Eunice)
Lo trajeron de entre esas colinas pardas. De más allá de esa otra fila de cerros pardos y otro horizonte que ya mismo se topa con el cielo. Fue un octubre del recuerdo cuando el polvo y las langostas. Por aquel entonces no se nos borraba la costumbre de tendernos sobre esteras coloradas, esperando que un poquito de lluvia nos mojara la piel de los pies o como decía mi abuela herminia Valdizán, que se nos ventiasen las corotas, que en el caso mío, que soy mujer, haría lo que la abuela hacía: se callaba sonriente. En una de esas tardes lo vimos venir. Aunque en realidad a él no lo divisamos, sino a don José Perales, que arreaba una piara de mulas desnutridas que casi las tumbaba el viento. Don José Perales era el único comerciante de Guaranguillo, que continuamente hacía un recorrido de un día entero, hasta llegar a Santa Rosa, un pueblo costero en el cual crecían helechos de increíbles coloraciones donde las putas, llegada la noche, hacían negocio redondo con los viajeros que llegaban de las alturas de Jaén. Y no lo vimos venir, porque don José Perales lo trajo en una alforja en contrapeso de unas piedras marinas, conchas y caracoles que compraba casi por nada a los ribereños y que después, con habilidad de vendedor de aceite de culebras, cambiaba por gallinas, chivos y cerdos a los brujos de Guaranguillo. Recién lo vimos cuando lo descargaron de la bestia. Lo sacaron de los pelos para depositarlo en la pampa. Estaba como tullido por la incomodidad del viaje y tuvieron que hacerle masajes hasta que dio algunos signos de vida. Entonces doña Gudelia de Perales dijo que para qué tanto cholo si abundaban en Guaranguillo, que más daba trabajo el criarlos, una vaina tus ocurrrencias José, y de paso ¡cagado! Ahí mismo lo bañaron sin sacarle los trapos que lo cubrían, echándole varios baldes con agua, luego, ya ensopado lo cogieron de los brazos y en vilo lo tendieron sobre una tarima de magueyes muy cerca de la cocina, donde Engracia se compadeció de él y lo desvistió, abrigándolo con un sudadero que aún tenía el salado del sudor de las mulas. Era un churre por entonces y don José Perales lo bautizó con el nombre de Machaguay Brito. Jamás supimos por qué tuvo que llamarlo así, pues, según la historia de su origen, no se conocía ni siquiera el apodo de sus padres. El mismo José Perales diría posteriormente, a quienes con tanta insistencia trataron de averiguar la procedencia de Machaguay Brito, ¡que solo era un hijo de puta y que se lo regalaron porque les dio pena tirarlo al mar!
(Colina Cruz, Hipocampo Editores, 30 de diciembre de 2009, Lima-Perú)
MÁS INFORMACIÓN:
http://letrasueltacultural.blogspot.com/2009/12/colina-cruz-teofilo-gutierrez.html
http://www.hipocampoeditores.com/hh/hh.html
http://sol-negro.blogspot.com/2008/04/la-mujer-de-antonio-claros-cuento.html

Litman Torres Rodríguez utiliza los recursos de la memoria histórica y de la imaginación estética para urdir una epopeya del pasado y del presente, una compleja relación de quienes creyeron cumplir una gran misión y de quienes hasta hoy buscan cómo liberarse de esa prisión histórica que fue la conquista y la evangelización en el escenario amazónico del Bajo Huallaga y del Bajo Marañón.
El poeta se distancia de la inmediatez del paisaje, que siempre agobió a muchos versificadores loretanos, sanmartinenses y ucayalinos, para mostrarnos las contradicciones de personajes y culturas en un momento de extraños encuentros entre conquistadores y conquistados. El lenguaje poético se encarga de convertir las dolencias de los grupos originarios en una esperanza de redención.
El libro es la búsqueda de la verdad histórica a través de una poesía del hombre con esperanza.
José Ramos Bosmediano
Autobiografía de un desmemoriado (Hipocampo Editores, 2009) del poeta Litman Torres Rodríguez (San Martín, 1981) es un conjunto de poemas que relatan parte importante de la historia de una zona de nuestra amazonía: “la conquista y la evangelización en el escenario (…) del bajo Huallaga y del bajo Marañón”, tal como se dice en la contraporada. Si bien el libro “es la búsqueda de la verdad histórica”, por ello su minucioso documento de personajes, lugares, y procesos colectivos y de conflictos; también es la búsqueda de una verdad poética, que está relacionada con la memoria, la persistencia, la lucha por la supervivencia, los estragos del tiempo. Podríamos remitirnos a algunos libros de poetas peruanos que apelaban a la historia y a la crónica, como Tulio Mora con Cementerio general, Antonio Cisneros con Crónica del niño Jesús de Chilca, o Lo que no veo en visiones de Ana Varela. Igualmente atisbamos referentes borgeanos, tanto en el prólogo y en el epílogo, así como con las imágenes y los simbolismos bélicos, como en Borges era la espada. Una mirada abarcadora, propia de los inmensos campos verdes de la selva, en donde el poeta se conecta con todo lo inmemorial, justamente para reconstruir el tiempo.
Miguel Ildefonso
Litman Torres Rodríguez, nació en Barranquita (San Martín) el 18 de agosto de 1981. Cursó la educación primaria, secundaria y superior en Yurimaguas. Se graduó como profesor especialista en Lengua y Literatura en el I.S.P.P Monseñor Elías Olázar Muruaga con la tesis monográfica Los “demonios” históricos en la narrativa de Gabriel García Márquez o la historia como materia. Ha ganado el segundo premio en los Primeros Juegos Florales Virgen de la Nieves 2002 en el género cuento.

PRÓLOGO DEL AUTOR
Encontré el siguiente fragmento en un libro del P. Pablo Maroni, el año 2004. El manuscrito, una sola hoja sin firma, estaba escrito en papel tosco, amarillento, con tinta negra a punto de borrarse. El hallazgo me sorprendió porque el libro, muy consultado por los estudiantes de pedagogía, tuvo que haber pasado por muchas manos antes de llegar a mí. Estaba escrito en español. Al leerlo descubrí que el vocabulario y la ortografía eran de un siglo pretérito, por la morfología, quizá del siglo XVII ó XVIII (ortografía y vocabulario que tuve que adecuar a nuestra época para su inteligibilidad). Luego caí en la cuenta de una incoherencia que hasta hoy me desvela: el autor se servía para apuntar su reflexión de un español antiguo pero a juzgar por los elementos que emplea (concepto de modernismo, aparatos de la vida contemporánea) las líneas parecen escritas no por un jesuita ni por un descendiente directo de conquistadores sino por un coetáneo nuestro. Pero, ¿y la peculiaridad del lenguaje arcaico? Es una incógnita que no he logrado resolver. No me resigno a una broma gratuita; sé que la dificultad de ese lenguaje disuadiría a cualquiera. Tal vez fue escrito por un profeta desconocido, un vidente; tal vez es una iluminación perdida del P. Samuel Fritz que sus exegetas ignoran. El texto, con alguna parte irrecuperable (la señalo con corchetes) pero perfectamente discernible, dice: “Una noche, como tantas, vi la vida nocturna de la calle: bares, pollerías, fiestas, discotecas, moda, modernidad, y me pregunté si sería posible vivir de la misma forma con un minuto de memoria, y me dije que sí, que podríamos partir a la recuperación del pasado mediante la evocación y el recuerdo sin dejar de ser por esta razón modernos. Luego descubrí que esta actitud modernista hacia el tiempo en nuestra gente era imposible porque la realidad de su deseo no era la perdida, la inmemorial, es decir, el mundo de los ancestros, sino la inmediata, la actual de realidad de Europa y Norteamérica. […] La sociedad posmoderna al liberarnos nos ha desorientado y ahora buscamos nuestra identidad no en el pasado, no en las raíces, sí en el dinero, sí en el confort. Tenemos ansias de ser actuales pero sólo somos unos sofisticados desconocidos de nosotros mismos; poseemos artefactos, celulares, vehículos, medios, pero nos falta conciencia, conciencia histórica. El auténtico moderno forja el presente del hoy y de ayer, no desconoce su pasado y eso afirma su identidad y de ella parte a la conquista de la realidad más justa y universal, la que quiere para su gente. Debemos ser modernos, no desmemoriados”.
ANTE EL MONUMENTO A LAS BANDERAS
EN EL PARQUE IBIRAPUERA,
SÃO PAULO
A mi padre Gimner Torres González
I
Villa San Pablo de Piratininga y tú ya no son lo mismo.
Ella, oculta por Sierra del Mar, moraba en altiplano.
Tú ves el mar y suspiras por Italia y apenas piensas en aquel imperio lusitano.
Ella, menesterosa y desfavorecida, hizo del hombre bravío.
De ella partieron las más de las veces los hombres que ensancharon el mapa hasta Mesopotamia.
Hombres a la vez temerarios y confundidos que surcaron el Tiête y el Río Verde hasta Serra das Ararás;
Que caminaron por Tombador y cruzaron al oeste, hacia Madeira;
Que en allí llegando bajaron a Solimões y lo surcaron e iniciaron la ruina de los jesuitas.
De ti sólo salen barcos hacia Europa y a los autos que se adentran hacia Brasilia y Rondonópolis los mueve únicamente la aventura turística del weekend.
II
Ustedes antes vivas siluetas hoy bloques de piedra;
Ustedes que formando un ordenado séquito siguen al sol con grisáceos ojos;
Ustedes dos capitanes que orientan la bandera en caballos robustos;
Ustedes, oh soldados, que los siguen en fila decididos a sufrir las vicisitudes de la aventura,
Muertos a quienes São Paulo y Pernambuco deben más que indios fugaces;
Ustedes hicieron de Brasil más que la franja de Tordesillas.
Amparados en la oscuridad de la ciencia y en una desidia ancestral arremetieron contra la Corona Íbera,
Sufrieron en Mbororé.
Obligados fueron a enterrar sus muertos en semana santa y quizá comidos fueron por caníbales.
Maltrechos y agonizantes llegaron a São Paulo en un alto y medio,
Pero se reorganizaron y atacaron de nuevo.
Porque ustedes no creían en autoridades de leyes ni de tratados,
Sino en la autoridad de la lucha y de la sangre.
Misiones te impuso la suya y miraste hacia el norte.
Portugueses, mestizos, indios tupíes;
La mezcla de razas fue tu espíritu siempre,
Y con ella te diste a la caza de indios y a la conquista del territorio que el meridiano de La Casa autorizara a los ojos de Juan II.
Marañón no fue nunca un Alto Uruguay
y así nació Tabatinga, Benjamín Constant y Amataurá.
Ustedes, ladrones y bandidos para nosotros, son la justa gloria de lusos y de cariocas.
REMINISCENCIAS
Involuntariamente enceguecido
he repetido tus pasos en busca
de la orilla que retenga tu brusca
caminata. Mi remo perseguido
Por la oscuridad ha naufragado
en la luz; porque tú no habitabas
ni moras en los libros, tú quemabas
tu choza y el viento levantado
Olía a chamusquina. ¿Qué me llegan
de tus días sino testimonios
vanamente solemnes? Demonios
negros marcando tus huellas niegan
A través de tres siglos tu cierto
sufrimiento. La historia es inhumana
y en ella moran fantasmas, vana
rigurosidad de lo incierto.
No poseen las letras el color
de la sangre vertida. Como este mes
que va y vuelve y no me trae tus pies
mis palabras no abarcan tu dolor.
RITO
Es el atardecer de un día soleado.
La aldea está silenciosa.
No se ven criaturas ni animales.
Parece como si todos durmieran la siesta
O hubieran salido de cacería.
En todas las chozas se nota el abandono,
Menos en una por cuyo techo se escapa el humo.
Es como las otras, de forma circular,
La puerta estrecha no supera la altura
De un párvulo.
En los alrededores se ven, dispersas,
Matas de ajíes, saúco y papayas.
El techo es el cerco y no se ven plataformas
Ni hamacas colgantes.
De pronto, por la estrecha puerta sale una niña,
Presurosa, atraviesa el patio que hay frente a ella,
Toma el sendero que se pierde en el monte,
Y desaparece.
La aparición es tan fugaz que es como
Si no hubiera sucedido.
Todo sigue igual y nada ha cambiado.
Un minúsculo pájaro vespertino
Se posa en un arbusto de ají,
Da saltitos despreocupados, buscando algún insecto,
Pero pronto se detiene,
Otea el grupo de chozas que le circundan
Y se queda atento,
Amaga un vuelo, luego otro,
Y cuando por fin lo hace,
Por la misma puerta por donde salió la niña,
Aparece otra figura.
Es un hombre bajo, prieto,
Tiene el cabello corto, a la altura del hombro,
Está desnudo y apenas unas hilachas le cubren el sexo.
Tiene el rostro inexpresivo de los animales
Pero se adivina que está contrariado.
Está ansioso y no deja de atisbar el sendero
Que tomó la niña.
De adentro de la choza salen unos quejidos;
Por el timbre se puede decir que es una mujer.
El hombre no se mueve de la puerta.
Lleva algo en los brazos, algo que acurruca.
No es un paño de llanchama,
Es algo más vivo.
A poco aparece la niña; no viene sola.
Una vieja de unos setenta años la acompaña,
Una vieja que con lentitud segura carga un machete
Y una ollita de barro.
Se acercan al hombre, que al mirarlas parece
Más contrariado.
Éste le hace una seña a la niña y la pequeña desaparece.
Sólo quedan los dos en el patio,
La mujer deja la ollita, se acerca unos pasos,
Estira la mano y descubre lo que el hombre tiene en los brazos.
Un gesto de desaprobación se lee en su arrugado semblante.
El hombre, con la cabeza, asiente;
Le entrega el envoltorio, que parece no pesar mucho,
Entra en la choza y no vuelve a salir.
Adentro los quejidos se convierten en lastimeros sollozos.
Sin cuidarse de hormigas o alacranes,
La vieja coloca el fardo en el suelo,
Coge el machete y, con dedicación, con esmero,
Con todo el esmero que sus muchos años se lo permiten,
Cava un hueco en el patio.
En más de una ocasión mide la hondura del hueco
Con el machete por vara.
Terminada la tarea se levanta, quita la manta
Y una cosa de carne patalea en su mano.
Le coge por los tobillos, un poco con
Cariño, y lo introduce en el hueco.
Luego, poco a poco, puñado a puñado,
Va colmándolo de ceniza que extrae
De la ollita de barro.
Nunca tuvo más vida la cosa de carne.
Pero al fin cede. La mujer lo saca y el niño está muerto.

En estos tiempos en los que abunda tanta poesía estridente, narrativa, desmesurada, es reconfortante encontrar una voz que marcha a contracorriente y quiere recuperar un lirismo esencial. Esta es la aventura que emprende Stanley Vega en los 42 poemas de este libro: desplegar una Danza finita a través del extrañamiento y el amor. Pero el interés de su propuesta está en la conquista de una palabra lacónica, transparente, moldeada cuidadosamente en los espacios íntimos, segura en su aparente sencillez o frugalidad, y que alumbra en cada breve texto hasta volverse descubrimiento, deseo, temblor o sacrificio.
Carlos López Degregori

Stanley Vega Requejo
entre nuestros pechos.
Pronto llegará la noche
y las arenas de nuestras almas
comenzarán a agitarse
en turbulento lenguaje.
7
Hoy he vuelto a viajar
hacia un lugar
donde nadie me espera.
Y es que a decir verdad nadie existe.
13
Mis sueños.
Moribundos elefantes
que hacia un lugar
inhóspito y desolado
van a morir.
20
Y de pronto te has dado cuenta
que lo único que nos queda
es el agradable olor de la tierra mojada.
41
La tierra se apolilla
de una manera imperceptible.
Acerca tu oído.
Pronto llegará el momento de caer.
Más:
http://rodolfoybarra.blogspot.com/2009/12/sobre-stanley-vega-y-su-danza-finita-y.html
Puedo llegar al mar con la sola alegría de mis cantos, escribió el gran Lucho Hernández a principios de los 60s. Desde aquellos días, mucha agua ha corrido bajo los puentes de la poesía peruana, pero hoy tenemos al poeta Francisco León fascinado por el océano, esa ‘gran madre verdi-dorada’ como la llamó Joyce. Sus poemas salen del fondo de su alma, con rabia, con desesperación, con belleza. El mar y sus musas, esas chicas doradas por el sol del verano, le otorgan inspiración y un motivo para vivir, aunque le ronde el suicidio y la vacía soledad. Para un poeta estos son temas esenciales, y también su enfrentamiento al mundo. En este caso el capitalismo multinacional que nos presenta cotidianamente “nuevas pollerías y caras de drogos”. Pero a León lo salva el rock, el sunset, y su sensibilidad puede extasiarse en una apocalíptica visión del sistema capitalista globalizado. Su poesía solo camina por el recuerdo, entre giros coloquiales: Mira Chato se acerca el verano y con alguna resonancia vallejiana, esas almas pasteleras (que alguna vez nosotros fuimos) podemos disfrutar de un tono fresco y rotundo como el de este libro de León, con cuyas páginas entra con pie firme al nuevo concierto de la poesía peruana.
Roger Santivánez
Mayo 2009 /Thalassa oh Thalassa

GRITOS DE VERANO
Siomara España Muñoz*
Hay tanta arena como soledad insalvable, soledad incluso en la soledad ansiada” y es esa soledad, la que lleva a Francisco León Carrasco a retomar los caminos de un insólito verano que asoma por calles saturadas de códigos que se amalgaman entre la metáfora de los letreros de neón. Espacios lúdicos que dan desde la perspectiva del lector la sensación de una ciudad alucinada, lo que hace de Gritos de Verano exactamente eso, un grito de auxilio de un verano que se pierde y pierde entre sus piernas a los transeúntes de un tiempo donde el sol evoca, calcina, sueña, mientras acongoja y lacera al mismo tiempo, es este el espacio donde el poeta busca incesante sus propios signos para reivindicarse ante un mar-espejo, o ante la cotidianidad de sucesos con los que pinta lo mismo una puesta de sol que las cosas mínimas a las que eleva en su palabra.“Si para reconciliarme con el sol tuviese solamente dos alternativas elegiría sin pensar/…aquella de las cosas mínimas…”
Es palpable la cercanía del autor con un idioma extranjero, evidente desde el inicio del poemario cuyo título reza: “Summer Screams”, cercanías que seguramente a León le son imposibles de franquear, y que quizá lleven al lector a plantearse varias interrogantes, pero que sin duda es el modo particular con que el poeta se reconoce. Por mi parte me referiré al poemario como Gritos de Verano, (traducción del título).
Gritos de Verano es una intensa travesía que atrapa pero que deja a la vez momentos para evocación y melancolía. El poeta añora desde el desenfreno lírico su tiempo donde con diferentes voces va sentenciando desde el presente que “cualquier tiempo pasado fue mejor” (parafraseando al gran Jorge Manrique)
La voz poética de León también transita por las vías donde el amor tiende sus redes y el poeta busca refugios infructuosos entre el mar y la poesía, esa poesía que se encarna entre ternura y lujuria, entre frío y dolor, entre arena y fuego. Es una evocación constante porque intuye entre delirios, que después del último “sunset” no habrá ya mas retornos. Así evoca:“Te recuerdo tal y como te encontré: riendo… vestida de botones untando caracoles en tu cuerpo” o, “Hubiera ido por la tierra matando/ conquistando/destrozando los cielos/ Si aquel día/ niña germana/ me hubieses dicho: te quiero”. Rupturas de espacios y tiempos se ponen de manifiesto en este poemario, donde la incertidumbre emana desde lo vivencial para desbordarse luego a lo anagramático de sus diferentes significantes.
Una realidad trazada entre los límites de la memoria y el campo visual de las calles y sus melodramas habituales, así, sin duda es León un poeta visual y urbano, pues va pintando entre ciudad y arena una serie de historias dentro de su propia realidad-ficción.
El poeta vive en un entorno donde convergen mundos paralelos y canta según lo va viviendo, así estas imágenes que a manera cinematográfica traza, dan exacta cuenta del dolor que lo subleva, la cotidianidad que lo vulnera y lo lleva a crear los versos de este poemario.
León de manera recurrente entre sus versos va decodificando la palabra SOL, para en una suerte de simbología lingüística decir a la vez: sol divisa, sol patria, sol calor, sol mar, sol vida, sol, Gritos de Verano”: “Tengo la más grande tristeza… Juega el sol en tus pupilas”; “…alegría sin par…sol de nuevo cuño”; “…sol de enero”; “para reconciliarme con el sol solo debo pensar en tu alegría”; “…surges… mojando de sol… todas mis playas”; “horas sin sol desperdicios y tú…”
Un universo sensorial es presentado ante el espectador-lector para luego a manera de aislamiento aristotélico girar su visión y descubrir nuevos senderos que evidencien su humanidad, esa humanidad que lo atrapa en los sucesos simples de la vida donde la escasez de la metáfora esencial de la poesía es remplazada por ese laberinto visual de sus poemas que invitan al lector a transitar con acuciosa mirada por cada uno de los versos de Gritos de Verano y familiarizarse con ellos. “Cajas de “Close-up”/… calabazas/ Perros en frascos de shampoo/… cementerios/… niños muertos/… gigantescos árboles/… postes/… madrugada…/playas…/ diosas en cuclillas/… falsos generales…”
Un devaneo constante como los desvaríos proféticos de la trompeta apocalíptica, “Oyendo los atronadores compases del último jazz…/ para subir al cielo” va traspasando ese espacio donde el poeta desnuda su alma, alucinando por senderos de papeles de colores de un verano disoluto que invita a zambullirse entre un mar rebosante de visiones, es entonces donde el poeta se encuentra con ese yo interior con ese delirante “yo” que le arrastra por un laberinto existencial“…Todos somos náufragos/ en las aguas de la muerte.”
El poeta busca en su interior, y se encuentra en la nostalgia que llega a manera de lluvia de señales, y sólo mengua para dar cabida a la realidad “Una lluvia fresca nos coge por sorpresa Una lluvia fresca ¡NO! Es el tiempo que llora por nosotros… sobre esta húmeda avenida… / La vida es un millón de historias que deambulan… sin sentido”
La poesía de León vislumbra la misma individualidad de la mayoría de los poetas jóvenes de América hispana, una voz en solitario que en muchas ocasiones lleva a esta generación a caer en un lenguaje crucigramado, tan personal que resulta imposible decodificar.
En muchas ocasiones el tratamiento de los temas eróticos da cabida a un lenguaje directo que alejado de la sensualidad cae entre lo hirsuto y lo soez, sin embargo son algunas de estas mismas voces las que rompiendo planteamientos van dejando huella en el quehacer literario en general y poético en particular, y es en ese espacio donde los eternos temas universales: amor, dolor, vida, muerte, etc, toman forma, sumándole León un componente adicional acorde con la contemporaneidad, la destrucción del hombre por el hombre. Esta temática toma entre los finales versos del poeta una visión particular del entorno, entretejido entre destrucción y vida, así sentencia:“Hay demasiado polvo/ para ver el mar…/ un mar sucio y salado/ …ecos… cuerpos muertos/ … suicidios por amores de verano…”
Gritos de Verano es un ir y venir entre el pasado y la memoria, la lucidez y la locura, es un constante peregrinar por abismos donde cada palabra tiene su propio significante, donde fantasmas y demonios cumplen una suerte de anagrama parabólico.
Valery nos dice que la poesía no se hace con los sentimientos sino con las palabras, así León sustenta en la exacta lucidez de la palabra, su poesía.
*Poeta y narradora ecuatoriana.
Mayo del 2009

Abordajes y Aproximaciones. Ensayos sobre literarura peruana del Siglo XX (1950-2001). Hipocampo Editores - Escuela de posgrado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, agosto de 2009, 184 pp. Formato: B5.
INTRODUCCIÓN
Abordajes y Aproximaciones es precisamente eso: un acopio de abordajes, análisis tentativos, aproximaciones a textos, autores, tendencias literarias, asuntos y temas de especial interés e importancia dentro de un período de aproximadamente cincuenta años en el proceso de la literatura peruana contemporánea (1950-2001). Estos estudios, a excepción de dos (que los escribí como capítulos de libros), se originaron en ponencias leídas en diversas conferencias sobre literatura hispanoamericana en universidades de los Estados Unidos e Hispanoamérica, en los últimos quince años. Esto explica que el presente volumen tenga más bien carácter de antología y que sus contenidos hayan tenido que ver de algún modo con los requerimientos de los eventos en los que iban a ser presentados.
A pesar de las circunstancias académicas a veces azarosas en que se originó, esta selección temática representa un itinerario intelectual, un mapa de preferencias, gustos y prioridades personales, un testimonio escrito de una particular manera de enfocar el análisis crítico de la producción literaria en el Perú, país caracterizado esencialmente por la diversidad cultural y la fragmentación social. En el presente volumen he dado preferencia a autores y obras que en su conjunto puedan ofrecernos un panorama ilustrativo de la dinámica histórica con que se produce la literatura peruana en años cruciales en el llamado proceso de integración nacional. He tenido especial interés en la inclusión de cuatro autores (Nicomedes Santa Cruz, Antonio Gálvez Ronceros, Gregorio Martínez y Lucía Charún Illescas) con cuya obra intento desarrollar nociones -en lo posible esclarecedoras- sobre la presencia cultural africana en lo que en palabras del maestro latinoamericano Antonio Cornejo Polar vendría a ser la totalidad contradictoria de la literatura peruana y latinoamericana. Bajo esta misma perspectiva, y manejando similares principios metodológicos, se desarrollan los estudios sobre autores que vienen a conformar las denominadas generaciones de los 50, 60 y 70, como son los casos de Blanca Varela, Carlos E. Zavaleta, Washington Delgado y Enrique Verástegui, como también el ensayo referente al desarrollo del sujeto descentrado y la conversacionalidad en el proceso de innovación de la poesía peruana en las décadas de los 60 y 70. No pretendo un trabajo enciclopédico ni menos proponer parámetros de organización, periodización o enjuiciamientos generalizadores sobre un segmento considerable en la literatura peruana contemporánea. Mi objetivo primordial es poner en consideración la serie de reflexiones y conclusiones a que he venido arribando en lecturas e investigaciones realizadas en los años de mi trabajo docente en las aulas universitarias, en especial en las de la Universidad de Alabama en Birmingham, ciudad cuyo ambiente intelectual y significados históricos en el devenir social norteamericano me han resultado por cierto motivadores y estimulantes.
He tratado de mantener el espíritu y procedimientos hermenéuticos originales de estos ensayos, de manera que no se pierdan o desnaturalicen las hipótesis con que se impulsaron, ni se arriesgue su unidad, coherencia, ni mucho menos sus propuestas interpretativas.
Carlos L. Orihuela

Carlos L. Orihuela (Tarma – Perú) Poeta, narrador, crítico literario y profesor universitario. Obtuvo el grado de Licenciado en Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos del Perú, y los de Maestría y Doctorado en la Universidad de Pittsburgh, en los Estados Unidos. Ha realizado igualmente estudios de postgrado en Literatura Española y lingüística en Madrid (España). Ha publicado tres poemarios e innumerables relatos y artículos de crítica literaria en diversas publicaciones periódicas peruanas e internacionales. Participa con frecuencia en conferencias sobre Literatura Latinoamericana en universidades norteamericanas e hispanoamericanas. Ha ejercido el magisterio secundario y universitario en el Perú y los Estados Unidos. En la actualidad es Profesor Asociado en el Departamento de Lenguas y Literaturas Extranjeras de la Universidad de Alabama en Birmingham (Estados Unidos). Practica la pintura y la fotografía y ha desarrollado (y desarrolla) viajes de estudios por Norteamérica, Latinoamérica, Europa y Asia.
Héroes, prisioneros y renegados: el cautiverio en la narrativa hispánica de los siglos XVI-XVII. PAC-Prensa Académica Castellana-/ Hipocampo Editores, 2009.
Héroes, prisioneros y renegados: el cautiverio en la narrativa hispánica de los siglos XVI-XVII, nos invita a introducirnos en el fascinante mundo del cautiverio, un fenómeno que durante los siglos XVI y XVII llega a tener un inusitado alcance debido a dos factores de índole sociopolítica: el constante conflicto que España mantiene con los poderes musulmanes mediterráneos y el descubrimiento y la conquista de América.
La literatura de la época se hace amplio eco de esta realidad cautiveresca. A través de las páginas de este libro el autor nos presenta el cautiverio como un ente vivo, cambiante, en el que la percepción de la historia y la participación individual en el proceso de la expansión del imperio, la conquista y la colonización alcanza nuevas dimensiones desconocidas hasta entonces. La tradicional ecuación que fija al español dentro del rol de cristiano, conquistador y amo, opuesto diametralmente al del indígena, moro y esclavo, se invierte, pasando éstos últimos a asumir los papeles de los primeros. Tal como se presenta en este libro, numerosos textos relativos al cautiverio se revelan como la expresión de una pluralidad cultural que al mismo tiempo que humaniza a moros e indígenas, les concede voz, permitiéndoles existir sin ser esclavos, bestias o cosas. Esta narrativa cuestiona la voz autoritaria y autorizada del discurso imperial, llenando sus vacíos y omisiones, y remediando la visión reductora de moros e indígenas característica de la literatura de matiz imperialista.
Una de las mayores contribuciones de este estudio consiste en el redescubrimiento de los mecanismos retóricos de la ambigüedad y la interpolación. Tradicionalmente consideradas más como relleno accesorio o molesto que como portadoras de significado, la ambigüedad y la interpolación pasan a ejercer un papel decisivo a la hora de presentar una visión subversiva del cautiverio, reflejando un mundo desordenado respecto al orden impuesto por la corona y eludiendo la censura oficial. El presente libro aporta nueva luz al motivo del cautiverio ya que incluye tanto el ámbito de las letras peninsulares como el de las virreinales o coloniales, mientras que el análisis de textos no se limita a la narrativa de ficción sino que incluye una gran variedad de textos que tratan el motivo de la cautividad, como crónicas, historias, diarios, autobiografías, relaciones o textos teatrales.
EL AUTOR: Alberto Prieto Calixto (Gijón, España) es licenciado en filosofía y letras en la Universidad de Valladolid. Posee un master en literatura y cine en Arizona State University y un doctorado en literatura hispánica en Vanderbilt University (Nashville, Tennessee). Actualmente es profesor de español en Rollins College (Winter Park, Florida), donde dirige el programa de estudios hispánicos e imparte clases de literatura, cultura y cine español. Ha participado en numerosas conferencias y publicado diversos artículos y ensayos en revistas de España, Latinoamérica y los Estados Unidos sobre temas referentes a literatura, pedagogía, cultura, emigración, historia y cine.

MORDERÁS EL POLVO
Virgen, te quiero,
Virgencita de Palpa,
milagrosa Virgen Asunta.
Un polvo de dos horas por 400 dólares,
en lujosa casa de suburbio,
lejos de los condominios
de media mampara.
Alta, rubia, ojos de calcopirita,
perfumada,
nacida en Idaho como el fioca Hemingway,
me abre la puerta.
No solo por instinto gregario,
y Gregorio, sino por la metamorfosis
del pobre Samsa, soy otro,
hasta leí El proceso,
instigado por Juan Ojeda.
Atildado, con aspecto solvente,
pongo los billetes
sobre la mesita de una lámpara,
exactamente como Raymond Chandler.
Una piel de oveja sobre la cama
de dos plazas o king size,
oculta al lobo,
al lobo estepario de Huaitara Ricardo Raez.
No hay lobos en los médanos de Coyungo,
solamente zorros pamperos,
chuscos como yo.
Con Chacho Martínez atravesamos los médanos,
a pie, a patita limpia,
desde Cabildo hasta Coyungo, de noche,
y anclamos un rato
en la casa de mi primo Diosdado Barahona.
Íbamos en busca de Candico.
Creo que la naturaleza humana es un embuste
neoplatónico, alquitarado por los siglos.
Lo real y tangible
es la condescendencia animal,
el hedor de las verijas.
Ya estuve aquí, antes,
Sisifo guevón.
Mira los indicios,
las huellas de los chanchos,
el arrastrón por donde rodó la piedra,
la piedra que hoy echaré afuera.
Tú, muéstrame la flor,
princesa de Idaho,
y veremos el sol,
llegar la noche,
culminar el verano ardiente.
Un polvo de dos horas,
sin sacarlo,
dura más que la eternidad
que llega por la ventana.
Ahora, hija de Hemingway,
quítame la piel de lobo
para morder el polvo.
(Escrito en el bar de la barraca Birchmere, escenario de rock, blues y country music, donde en el 2000 se presentó Susana Baca, en Chirilagua, Arlandria, jurisdicción de Alexandria, Old Town y puerto fluvial, en la orilla derecha del Potomac, frente a Washington DC, agosto del 2009)
“Si en El otro desierto (2004) de Chrystian Zegarra, el paisaje anímico se revelaba en el cruce del sacrificio y de la resurrección bajo una óptica naturalista reinterpretada, por momentos, por Francis Bacon, en los poemas de Cinema de la crueldad se hace un selecto, seductor e inquietante recuento, y también, un paseo y una relectura por una filmografía –de Fritz Lang a Miguel Littin– donde la poética del dolor se resuelve como conciencia del cuerpo y de sus límites. Por supuesto hay otros referentes literarios y culturales a través de los cuales el poeta establece y reinventa, con prodigiosa imaginería, un sistema de correspondencias entre herida y lucidez, crueldad y revelación, verdugo y escritura. Al margen de la ilustración culturalista, los poemas aquí reunidos son realidades extremas, espejos rotos y jardín de escalpelos donde los mortales entrevemos un más allá de subversión y epifanía”.
Ernesto Lumbreras

Chrystian Zegarra
(Trujillo, 1971) Es doctor en Literatura Hispánica por la Universidad de California en Los Ángeles, y profesor en la Universidad de Indiana-Bloomington. Fue miembro del grupo poético Inmanencia, con el que publicó los libros colectivos Inmanencia (1998) y Regreso a Ourobórea (1999). Ha publicado los poemarios El otro desierto (2004), Sacrificios (2007) y Escena primordial y otros poemas (2007), libro ganador del Premio Copé de Oro de la XII Bienal de Poesía organizada por PetroPerú. Poemas suyos han sido incluidos en las antologías Los relojes se han roto (Guadalajara, 2005) y Colores comunes (Oaxaca, 2009; en prensa); y también en revistas como Hostos Review, Río Grande Review, entre otras. Además, ha publicado artículos de crítica literaria en revistas académicas y volúmenes editados en Perú, México, España, Inglaterra y Estados Unidos.
POEMAS DE CINEMA DE LA CRUELDAD
TOMA 1
La cámara recorre un interior vacío:
segmentos de cuerpos esparcidos sobre 4 esquinas
y en el marco de ventana que encierra la cuadratura de esta hoja digital
Latigazos de luz huyen rampantes por zócalos y paredes
un cuello no identificado de hombre o mujer aparece en primer plano
en un ángulo extremo que asfixia el ambiente hasta pulverizarlo
el cuello se disuelve en espinazo que crece como árbol de
horizonte a horizonte
De un rincón de la escena surgen racimos de ojos abstractos
la pupila no existe sin una trampa óptica que observe
el desmantelamiento de la conciencia
en residuos de alma alojados entre retazos materiales
para formar órganos desechos que flotan en una mancha de agua sucia
Un hilo de sangre destila venas
bajo un desfile de cuchillos a velocidad intempestiva
TOMA 2
Un esqueleto mecánico ocupa ahora el recinto
reduce el espacio a la medida de un punto
/hueco por donde escapa la memoria hacia zonas ácidas/
Despersonalizar toda experiencia cotidiana
el habla
el grito
el zumbido de un abrazo entre las alas de las moscas
marcar el territorio con orina como los gatos
desaparecer las cicatrices de la boca detrás de una cortina de palabras
que anulan la lengua y su capacidad para extinguirse
La habitación es una bolsa humana para depositar excrementos
La vista se disgrega en signos microscópicos que fugan en un vuelo de insectos imperceptibles cortados por el ruido de motores que circulan en un cruce de autopistas
El cerebro luce una corona de espinas disecadas por una llama radiante
que ha invadido de pronto el dominio de esta celda
Los dientes se filtran al borde de esta reja proyectada hacia veredas donde
peatones dibujan regueros de pólvora detrás de sus zapatos invisibles
¿Cómo medir la exclusión o pertenencia a esta espacialidad
que circunda los linderos de una elemental silueta?
El cuarto confunde los conceptos de dentro & fuera
el cuarto es el cuerpo
y el cuerpo se prolonga como oruga amplificada
entre las ramas del otoño
al final se vuelve
uña
pestaña
costra
osamenta metálica expuesta al baño floreciente del diluvio
El barro se forma en el paladar
en tuberías que reptan entre malezas citadinas
el asfalto pinta señales como mecheros de dinamita
Y en el espacio que ha dejado de existir
una camisa roja flamea como cruz aherrojada
TOMA 3
El revés del espejo no opaca la otra cara de la realidad
significa un laberinto gravitacional donde el artista camina
a contracorriente de su propio reflejo
como en Le Sang d’un Poète de Cocteau
Las palabras son también una superficie especular
un agujero acuático para abrazar la columna torcida del mundo
antes de embarcarse en el salto mortal del sentido
el poeta
un acróbata tambaleándose en la cuerda floja del lenguaje
esquivando una catarata de frases suicidas que se lanzan
por inercia a su encuentro como los monos de Chaplin
Y los pies se afilan a transgredir la línea divisoria del abismo
¿Quién ha movido la colchoneta que amortigua el choque estrepitoso
de la mente contra el cemento congelado de lo real?
El acto mágico se reproduce en la pantalla:
caída libre en el pozo ciego de la inconciencia donde mujeres desnudas
esperan maniatadas el aterrizaje de un enjambre de avispas
y en escena paralela
un hombre asalta y asesina al carnicero de su doble
El poeta-acróbata yace en el suelo con el pecho rebanado
leones y demás felinos de bengala defienden ferozmente
su merienda de tripas
TOMA 4
La lengua gira a 24 palabras por segundo
imágenes automáticas se deslizan entre los pliegues del techo
filas de hormigas en pugna por revertir las nociones de existencia
y vacuidad
El flujo de los objetos en capas sucesivas de rapidez y lentitud revela
que el tránsito
de la materia nunca se detiene
que la idea de inmovilidad es sólo un desfase de la mente
un desliz del pie en la curva del camino
que al desacelerarse tropieza con un nivel mínimo de movimiento
para luego retomar las pulsaciones del ritmo terrestre
Múltiples escamas disfrazan una piel de cicatrices
en cada una se incrusta un ojo-pez que engloba
las distintas perspectivas del paisaje
captura la distancia que separa
la posición de los miembros de su eje generativo
Todo danza
discurre
se anula
recomienza
nada cesa
Las manos giran como manchas de polilla entre los ojos de los ciegos
Y nadie ha descifrado la batalla que se libra entre la bala y una sien
asediada
LA INMOVILIDAD ES LA CARNADA DE LA MUERTE

Fernando Carrasco Núñez
La vida del hombre gira en función a su futuro, a su proyecto de vida, por ello cada logro alcanzado tiene la marca de un deseo angustioso de justificar una fugaz existencia. No obstante, tanto el presente y el futuro del hombre están marcados también por el pasado. El hombre es el resultado de lo que ha sido a lo largo de su vida y este pasado, irremediablemente perdido, muchas veces surge como una evocación nostálgica que nos ayuda a recordar nuestro origen y a reafirmar nuestra esencia para afrontar con convicción el porvenir. En tal sentido, por este sendero transita la poética que Jimmy Marroquín nos presenta en su libro Antropología de la espuma (Lima, Hipocampo editores, 2008). El pasado, que alberga espacios primigenios, acciones definitorias y personajes entrañables, se ha transfigurado en una densa capa de espuma desplegada entre los vericuetos de la memoria. Por ello el poeta apela al arte de la dilución mediante las palabras, mediante la poesía, para reconstruir morosamente y amorosamente ese remoto paraíso perdido entre las impurezas de la espuma:
“Si al volver,
oh disidente,
a este pasado remoto, descubres sólo ruinas de sombras y el
eco tullido de aquello que, irremediablemente,
perdiste,
entonces
sólo cabrá postrar los muñones, acodarse en el cieno, quitar
amarras al viento y reconstruir,
con serena diligencia,
el vacío largamente entrevisto”(pág. 16)
Hay un sentimiento doliente en los versos de Antropología de la espuma cuando se evoca la infancia al lado de los seres queridos, puesto que el presente es entendido y sentido como un escenario acaso más lóbrego y decadente; esta idea se vincula con una visión del mundo que considera al pasado como un período siempre más feliz que el presente tal como lo leemos en los conocidos versos del poeta español Jorge Manrique: “Como a nuestro parecer/ cualquiera tiempo pasado/ fue mejor”. Sin embargo, llama la atención que ese pasado entrañable se configure como un tiempo precario y hasta grotesco que está vinculado con los seres más venerados como los padres y los hermanos. En el poema Evelyn se canta a la pureza de la hermana ausente al tiempo que se recuerda los “peluches cercenados” y en el poema Hijo pródigo se evoca a la madre y las hermanas a las que se recuerda como “migajas de hiel”. Acaso esta idea de precariedad y de lo grotesco se entienda mejor con un término recurrente en el libro. El vocablo “muñones” aparece como un símbolo de la visión que el yo poético tiene del pasado y el presente. El poeta siente que se ha escindido una parte de su ser donde radica el ayer añorado, él mismo es un enorme muñón que rememora esa parte de su existencia perdida para siempre. Esta idea de lo grotesco en los versos de Antropología de la espuma se percibe mejor en el poema “Lazareto, 1921”. En este poema el leprosario surge como un espacio habitado por seres marcados por la fatalidad, es una hermosa metáfora de la unión familiar signada por el dolor y la carencia.
“…pero todo continúa igual: “Lazareto – 1921”, refugio
de enmohecidos nombres, de apestados,
de nauseabunda sangre y ambarinos sueños,
del secular miedo,
del ser devuelto a su acendrada
condición de cieno…” (pág. 57)
Este libro de Jimmy Marroquín está dividido en tres secciones: Diseño de la espuma, Antropología de la espuma y Relación de cenizas. En el plano formal destaca la presencia de diferentes voces que a la manera de un concierto polifónico van reconstruyendo personajes, escenarios y acciones del pasado. El talento poético de Jimmy Marroquín le permite “despersonalizarse” para configurar el mundo interior de algunos de sus personajes líricos. A lo largo del poemario destaca también un lenguaje terso y refinado, además de figuras retóricas bastante logradas. El poeta se hace dueño de un repertorio léxico de términos eufónicos que entran en sintonía con el mundo representado en la obra. Podemos citar algunos vocablos como disidente, muñones, desdoro, abisal, atrabiliario, írrito, pátina, incuria, etc. Como se percibe el lenguaje de Antropología de la espuma toca el dolor y el pasado. También enfatiza en la idea de lo precario y la destrucción cuando se alude a polvo, musgo, ceniza, hollín, carcoma, aserrín, moho y cieno. Otro rasgo formal que podemos resaltar es la presencia del estilo enumerativo en casi todos los poemas del libro. El estilo enumerativo aparece con diferentes estructuras. A veces notamos frases nominales breves y en otros casos periodos largos enumerados casi caóticamente como se aprecia en el poema Ver y tocar. Y en el poema Morada de la espuma se percibe el estilo enumerativo combinando el uso del asíndeton y polisíndeton sin perder nunca el sentido del ritmo en el poema:
“Esta es la casa
su astillada puerta,
sus goznes entrañables y su falleba rencorosa,
la ceniza de su otrora tumulto inabarcable,
su espuma ígnea
y su ríspida altivez intolerable,
su zaguán oscuro como un tajo disoluto,
sus paredes balbuceantes y sus agrestes cielorrasos” (pág. 18)
Por lo reseñado en estas breves líneas podemos finalizar apuntando que Antropología de la espuma de Jimmy Marroquín es un poemario muy intenso y bien trabajado en el plano formal que suma significativamente en el proceso poético ascendente de su autor.
Lima, abril de 2009
Antropología de la espuma condensa una terrible historia contemporánea: de cabo a cabo, cual obscura condena, una densa espuma ha cubierto absoluta y completamente todas las esferas de la vida. Yacen velados en la espesa mastaba del olvido acontecimientos, cuerpos y recuerdos. En este contexto, la poesía se enunciará como develamiento, como alegato del relámpago y como directo desafío a aquel gobierno de la noche. Las imágenes resultantes de este sabio y noble propósito comunicarán la encendida defensa de la memoria, antes que la precipitación infinita al vacío; la celebración del gozo al recuperar intacta –entre la herrumbre espumosa– la semilla de algún recuerdo familiar; y el progresivo desgarramiento de no poder develar, definitivamente, la metafísica de la espuma. Poética que defiende la semilla y la memoria, Antropología de la espuma logra configurar acertadamente la poesía como morada del sobreviviente, es decir, como hábitat de aquel que decide no sucumbir y no abismarse, sino sostenerse y resistir la levedad y el peso de la espuma llamada olvido. Jimmy Marroquín Lazo encontró en la palabra poética el relámpago que puede iluminar la noche. Que su revelación anuncie, en el horizonte, el tiempo porvenir.
Javier Morales Mena
JIMMY MARROQUÍN LAZO
(Arequipa, 1970) Es abogado e hizo estudios de Literatura en la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa y en la Maestría de Literatura Peruana y Latinoamericana de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima, de la que es egresado. Actualmente cursa la Maestría de Política Jurisdiccional en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado los libros Dinámica del fuego y Teoría angélica, así como poemas y artículos en periódicos y revistas del medio. Tiene en próxima publicación el libro Políptico de la lluvia. El año 2002 se hizo acreedor al Premio Copé de Plata de la Décima Bienal de Poesía convocada por Petróleos del Perú, con el libro Teoría angélica.
POEMAS DE ANTROPOLOGÍA DE LA ESPUMA
Nuestra historia ya fue contada por diligentes bocas anónimas: trivial hasta la náusea, deformada, parchada con imperativos circunstanciales, heroicidades cómicas y huera palabrería solemne.
Nuestra historia
comienza como un instante nacido como un ojo inquisitivo en el espejo, como una puñalada de humo,
como una nómina de agravios,
como un escupitajo sangriento del instinto.
Nuestra historia
es un rastro poco fehaciente en la trama rencorosa del aire, una inminencia de destrucción y epifanía en el calmo bullicio de la lluvia, una arenga de niebla en la inaudita claridad del día,
una llaga de oro reacia al cauterio del verbo que nomina y perenniza.
Es ésta, y no otra, la historia
–la espuma–
que nos pule
como morosos guijarros de un mar intraducible.
una secuela supurante de imágenes de la infancia
claveteadas con espuma,
proclamas de ceniza
sobre pabellones de noches inclementes,
excrecencias de orquídeas,
ulceradas veleidades,
el naufragio persistente de la sangre
y una piel alzada afiebradamente irrecordable;
una pugnaz soledad,
un silbato de grava,
un navío de papel
olvidado en una
nube o una charca,
una apoteosis de ávidos tornillos
y bisagras aquiescentes;
de opulenta virutilla
y aserrín ensimismado,
un temeroso interrogarse
en la entraña de la madera,
umbrosa y espejeante,
una latencia de astilladas
presencias en su seno
paternal de las ausencias,
ah saga de espuma
en la que te miras
intruso y anudado
un progenitor de humo,
sapiente y mudo cultor
de lo inconcluso,
carpintero del tedio, colector
obstinado de las cenizas del pasado.
Voces de la cópula, flamígeras usinas, anverso
de la niebla que se lee con fervor incuestionable:
a un tubular recuerdo te diriges,
a la pueril mudanza de tu sexo,
singladura de semen y delirio,
de oquedades de cieno y fuego líquido,
tributo de saliva y piel atolondrada,
de diente hincado al aire y la baldosa.
Voces de la cópula, flamígeras usinas,
denodadas zarpas que fustigan
las heladas pavesas de la carne.
Vértigo del instante en el pétreo
fluir de una eternidad que se desgasta.
Índice esbelto de airadas irrisiones.
Vana infancia,
ora en ruinas,
ora invicta,
en la primordial
regencia de la espuma.
RELACIÓN DE CENIZAS
(Hijo pródigo)
Aun cuando no lo merezca
es esta mi heredad, austera y vasta:
una marea de sangre, que se contrae
y alza con la fútil evocación de la Innombrable;
un puñado de polvo, cifra trepidante
de una infancia asaz irrecordable;
una rancia astilla de madera, un precepto
incoercible de aserrín y algas, un susurro
enervante de nutricia virutilla, un imperioso
aullido incandescente. Una corona de moscas,
una rosa preñada de latencias vigorosas.
Una feble identidad moldeada por el viento
cuya estructura es la niebla irreductible;
una llaga radiante y un arqueado travesaño
cubierto por la fatua trama de la piel y el tiempo.
Una vasta erudición de espuma y un pez tullido
aleteando agónico en el nicho de mi mano.
Una suma impetuosa de vaho y viento
añadida a la tumescencia de la carne.
Un signo vertiginoso de corrosión y deterioro.
Un fiel, remoto, imponderable designio
de un pertinaz vacío inabdicable.
Antropología de la espuma. Jimmy Marroquín Lazo. Hipocampo Editores, 2009. 68pp.
A tráves del Blog Oceáno de Mercurio descubrimos este corto animado en 3D que toma de referencia nuestra cultura y se permite derrochar una hermosa y colorida imaginación
La producción estuvo a cargo de tres franceses: Clement Crocq, Margaux Durand-Rival y Nicolas Novali. Más sobre este fascinante trabajo en:
http://machupicchupost.free.fr
De Hernando Cortés Mendoza (Piura, 1928) se conoce una vida dedicada al teatro, tanto como autor, actor y director de escena. Fruto de ello tenemos cerca de setenta y cinco obras de teatro. Autor prolífico, no sólo es un maestro del teatro peruano que durante toda su vida ha enseñado en San Marcos y colaborado en revistas y diarios, es también un excelente narrador que tiene un par de novelas inéditas y que ahora entrega los relatos 16 historias de animales.
Abre el libro una cábala de 1+6=7, lo primero es 16 y ello suma siete formas o verdades conocidas: 7 número sagrado, 7 días de la Creación, Siete días de la Semana, Siete Sacramentos, Siete notas de la Escala Musical, El Sétimo cielo, etc.
Cada relato es una expresión intimista de mirar a estos 16 animales a través de su comportamiento cotidiano, que juegan traviesos en la memoria de un narrador objetivo y ducho en el manejo del lenguaje que va tomando la voz de estos seres bellos y curiosamente comunes para darles otro significado existencial, humanizando parte de ellos, pero a la vez mostrando el lado trágico de la vida que el hombre dispone sobre los otros seres indefensos y sujetos a su dominio.
Así desfilan las imágenes rápidas como la Abeja incansable, el Perrito faldero o gozque, el Elefante cautivo, el Canario que no cantó más, la Liebre “que da brincos, salta y llora” y que un buen día perdió el corazón.
Y, también, están los Microbios que no pueden dibujarse por ser infinitos, el Oso que se exhibe en el museo y que “es feliz”, el pavo real con “ese cachet del que se sabe rey”, o esa Paloma en gris -la famosa que pintó Picasso en una lona de teatro-, el Caballo desgarbado y triste, tal Rocinante que no lamenta nada, y el Pez rojo “detenido en el mismo lugar en que lo dejó el pincel de Klee”.
16 historias de animales que se completan con Duque, el perro pastor, a quien confunden con su amo y lo asesinan, el Gallo rojo que gobierna un corral, la Fiera que convenció a todos para que reinara la felicidad que no duraría pues volvió “el mundo de la rapiña y la crueldad”, o el Dragón que crece para dar batalla y liderar ejércitos.
Todas estas historias concluyen en el animal que somos: el hombre. Es el relato más corto y contundente: “Un hombre es todos los hombres. Es el hombre. Todos lo conocemos. Es el animalito indefenso que todos amamos. Pero es un dios. Es Dios. Y nada ni nadie podrá prevalecer sobre él”.
Teófilo Gutiérrez J.
La Rica Vicky, marxo de 2009
16 historias animales. Hernando Cortés. Hipocampo Editores, 2008. 48 pp.
Niko Velita Palacín
La ciudad de los culpables (2007) es la primera novela de Rafael Inocente. En este libro, Orlando Zapata se configura como narrador principal. Alrededor de él, otros personajes: Sebastián, Lucía, David, Julia, Sofía. Todos ellos de extracción popular. Viven en asentamientos humanos: Collique, Vitarte y Canto Grande. Son personajes que trabajan y estudian para sobrevivir en la Ciudad Enferma, pero también saben del amor y la sexualidad. Es una mirada completa a la vida de tales seres que poco a poco se van involucrando en las luchas sociales. Son tiempos donde hay que definirse. Pero la represión también es dura. Algunos de elloserán asesinados y otros encarcelados. Es una visión de la guerra de los hombres de abajo. De esos hombres que viven en la ciudad donde los agentes del Estado pueden asesinarlos sin recibir ningún castigo.
Acerca de la izquierda revisionista
En una sociedad en plena lucha de tipo clasista, la que se presenta en la obra, no puede faltar un grupo de individuos que se apropian del discurso de defensor del pueblo; sin embargo, sus actitudes muestran todo lo contrario. No son otra cosa que unos imitadores de los tan criticados opresores. Así, en boca de una izquierdista, será natural decir: “¡Oye, Renato, dile a la chola que me pase la sal!” (49). Tal definición para una trabajadora del hogar que, según verborrea de la izquierda, es gente explotada; sin embargo, el trato que recibe, de quien se supone defensora de tal clase social, se compara con la de de un vil explotador y racista incluso, por eso “la izquierda peruana… eran unos rabanitos, rojos por fuera y blancos por dentro… eran unos miserables revisionistas” (50).
La expresión musical también se tiñe de política. Cada facción en pugna, escoge la forma musical para cantar sus vivencias y sueños. De esta manera, copar el escenario del Perú para llevar adelante su proyecto político. “Lo más graneado de la pituquería progre aplaudió eufonizada a escritores y músicos de lo que llamaron la nueva canción latinoamericana, esos que nunca quedan mal con nadie y que solo cantaron protesta hasta que cayó el muro…” (67). La izquierda ha claudicado, pero se necesita de una música que exprese la nueva situación, donde la fuerza del colectivo haga sentir su presencia. “Llegaron sendas tropas de sikuris de San Marcos, de La Cantuta y de la UNI. Al grito ancestral de ¡Cha’mampi, cha’mampi compañeros!, se inició la fiesta colectiva. La pituquería de la Agraria, temerosa de lo que ellos llamaban la ‘terrucada’, solo contemplaba, impávida, la fuerza del ritual preínca, la danza de los sikuris” (90).
Papel de las fuerzas policías y militares
El Estado necesita de instituciones represivas para defenderse. Esa necesidad hace que “el policía (sea) reclutado de entre las gentes del más bajo nivel intelectual- casi fronterizos, la mayoría, canallas…” (133). Los agentes represores participan en desapariciones y asesinatos con la seguridad de ser intocables. Tal accionar no se inicia con la guerra interna. Es una práctica anterior a ella. “A los dos meses, Elmer Gárate, el percusionista del grupo, apareció baleado en pleno centro de Arequipa. El gordo Aragón debió escapar a Ecuador, pues lo seguían. ¿Cuál fue su delito? Hacer música, formar sindicatos, no frenar su lengua, no bajarse los pantalones por un plato de lentejas” (44). Eso en 1979. Sin embargo, una vez que se inicia la guerra tal escena se vuelve una constante. “Habían encontrado varios cadáveres con huellas de torturas en una playa de Ventanilla” (85). A nadie se le ocurre defender a unos pobladores pobres de origen andino que viven en asentamientos humanos. Por eso la crueldad y el salvajismo se presentan casi con naturalidad. “Don Félix fue baleado a quemarropa, cuando intentó defender a la niña… Paula fue violada primero por el suboficial, con toda saña y despotismo de los que puede hacer gala un soldado envilecido, (luego) atinó a descerrajar dos tiros en el pecho de Paula” (214).
Desaliento y pesimismo, pero la esperanza se vislumbra
En el desarrollo de la guerra, algunos entregan su vida en un acto voluntario por sus ideales, pero otros no están dispuestos a hacerlo. No por cobardía, sino porque “cualquier fascista que propague una idea en el Perú puede ser exitoso, porque lo que manejan este país son mierda y entre mierdas coinciden; el japonés tiene apoyo porque su punto de vista de las cosas, su ideología y su programa son similares a la estructura mental de la mayoría de individuos que componen este rebaño llamado pueblo peruano” (92). El pueblo es una tropa de imbéciles que se puede manipular fácilmente. Luego, resulta absurdo inmolarse. Ese es una manera de ver el mundo. Pesimismo radical. Sin embargo, también están los que postulan otras alternativas. Su desaliento no es, más bien, de quienes hacen política. “Cuando decidí internarme acá en el monte, cuando decidí hacer mi hogar con este pueblo, lo hice para terminar con la influencia de las costumbres e ideas de la ciudad, para olvidar las discusiones de reaccionarios y revolucionarios, para beber de la tierra y sin nada que perturbe mi mente…” (227). Una visión diferente donde “sólo las masas cobrizas conscientes liberarán al Perú, no ningún calco ni copia de Marx o Mariátegui” (244). Ni comunismo, ni capitalismo. Ese discurso velasquista. En la cola de desalientos y pesimismos no puede faltar de los que, en un momento de euforia rebelde, se adscribieron a la causa popular. Pero la cárcel, esa soledad forzada, quiebra el alma rebelde. Esa cárcel hecha exclusivamente para quebrar a los más recalcitrantes. La Cárcel de Challapalca con el poder de enfriar las convicciones y los ideales. “Por lo pronto quiere salir de allí… está decepcionado de su propia gente y realmente quiere romper con su actitud de ‘duro’…” (266).
Después de tanto golpe pareciera que el caos se apropió del mundo y que no existe solución para ello. Desaliento y pesimismo que se traduce en las relaciones sociales. Pero no todo es así. Aún queda algo de ilusión y esperanza. Este mundo no puede ser siempre el lugar donde los sátrapas abunden y hagan lo que quieran. “…no está muerto el ideal… ni muertas nuestras manos” (260). Es que “a pesar del pesimismo y el desaliento, nunca está más oscuro que cuando va a amanecer” (270).
Ese camino peligroso de las ideas
Las ideas se desarrollan de acuerdo a las necesidades y las vivencias. Mientras esto sea una cuestión netamente personal y empírico no pasa de ser inofensivo, pero cuando ya se eleva a lo social y teórico genera conflictos de diversos niveles, incluso, la guerra. Tal confrontación en el plano de las ideas se presenta en la sociedad ya sea académica o no. “El ignorante profesor de economía confundió (a un aprista) con senderista o martaquito” (88). Son épocas en la cual todo indivicuo asume una posición ideológica.
Un trabajador joven, que siente que se le explota o que ha visto a sus padres partirse el lomo para construir una casita o sobrevivir, tiene una visión particular de lo que sucede en su contexto. “Entrar en contacto con la gente de las fábricas me permitiría también saciar mis inquietudes políticas y conocer algo más de los compañeros que nos visitaban en el mercado los fines de semana, para impartir formación política y para recolectar y las colaboraciones (menestras, frutas, verduras, carne, lo que fuese) que por voluntad propia realizábamos en el mercado” (51). También a las mujeres que trabajan desde niñas les toca la puerta la formación ideológica. Lavado de cerebro, dirán algunos. “A los seis años me convertí en una especie de madre sustituta de mis dos hermanos menores, pues mi padre salía temprano a trabajar” (25), luego de años “David fue quien me condujo por los caminos de la gran literatura, fue quien me enseñó a disfrutar y apreciar el buen rock en inglés, que yo casi detestaba porque no lo comprendía, fue el primero a quien escuché hablar de proletariado, lucha de clases y subproletariado…” (58). Lucía, con esa actitud de mujer que no inclina la cabeza ante nadie, asume su papel protagónico en ese lucha ideológica. La muerte no se hace esperar. La visitante no es de capucha negra y guadaña, sino de uniforme verde y pistola. Otra es la historia de Orlando Zapata, quien, “luego de seis meses de preparación, más política que académica, en la ADUNI” (62), se volvió universitario, aunque no concluyó la carrera. Cuando deja la universidad dice: “recuperé esa capacidad de conexión entre el cerebro límbico y la corteza cerebral, es decir, esa vital complicidad entre las emociones y la razón… yo era un prófugo de la ciencia y su método y que en todo caso prefería el conocimiento directo de la intuición y el latido a ser un asalariado de las grandes empresas, autodenominado científico” (253). Es una percepción de la universidad en el campo de las ideas que coincide con otro personaje, Sebastián: “No se aprende a escribir en una universidad dirigida por delincuentes y regentada por profesores que se alquilan como prostitutas” (158). Sin embargo, a Orlando, inocente, le espera la cárcel, “Porque en el Perú es delito saludar y estrechar la mano a un amigo; porque en el Perú es delito leer libros que los inquisidores consideran subversivos; porque en el Perú es delito no frenar tu lengua ante la injusticia” (251). Otra habría sido la historia “si dejaba a un lado mi carácter insurrecto y rupturista” (256). Pero tuvo que entrar a lidiar en ese campo peligroso de las ideas y eso basta para que “un Tribunal Militar de encapuchados, sin ninguna prueba, y en un juicio que duró diez minutos, me condenaron a veinte años de prisión” (252).
(Rafael Inocente. La ciudad de los culpables. Editorial Zignos. Lima. 2007).
Teófilo Villacorta Kawide
Estoy leyendo La ciudad de los culpables de Rafael Inocente, injustamente poco difundida y comentada por la crítica y los medios, ya que se trata de una extraordinaria novela que retrata las inevitables y dramáticas circunstancias que coexistieron en nuestra sociedad, como es la violencia política, y que tuvo su hervor en la década de los 90. El autor narra con una prosa rica y fluida que alcanza la originalidad cuando introduce expresiones altisonantes muy propias de la urbe, pero con un toque personal que lo hace distinto de los demás, y que deja además un gustillo irónico y complaciente a pesar de la dureza de los hechos que registra. Estoy seguro de que en cada parte o capítulo -en algunos casos cortos, pero contundentes- se encuentra retratado el autor ya que hasta donde sé, Rafael fue y es aún un irrefrenable militante socialista por convicción y formación, y en su novela no hace más que evocar las etapas convulsas que le tocó vivir, condimentadas con esos hechos inauditos y sorprendentes que nos entrega a diario esta gran urbe como es Lima. Estoy seguro de que el tiempo hará justicia a esta importante novela.
Diario La República (Sáb, 28/03/2009)
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