VIAJE CREATIVO DE CARLOS L. ORIHUELA

 

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FICHA TÉCNICA

Autor: Carlos L. Orihuela

Título: Abordajes y aproximaciones.

Ensayos sobre literatura peruana

del siglo XX (1950-2001)

Editorial: Hipocampo Editores 2009.

Travesías literarias

Resumir una etapa de creación literaria (1950-2001) resulta tarea ardua y satisfactoria. Significa alto vuelo.

La vida académica del docente universitario de San Marcos Carlos L. Orihuela ha estado regida y se  rige por el afán puesto en el arte de las letras, para ser preciso en el ensayo, campo al que ha aportado con sus ponencias y estudios sobre las letras peruanas, los que ha presentado en certámenes de literatura organizados por universidades estadounidenses e hispanoamericanas. Llamemos viaje intelectual a lo que ha hecho y los lugares que ha tocado son muchos y sobre ello ha escrito, para aportar datos y argumentar ideas a lo ya conocido, rescatar o sacar a la luz lo que oculto está. Son tantos los lugares en que sus ojos se han posado y, por tanto, las impresiones salidas de su buen ver intelectual son pares y singulares. Nueve son las elegidas y por ser elegidas, este trabajo toma el nombre de antología, a eso responde Abordajes y aproximaciones. Ensayos sobre literatura peruana del siglo XX (1950-2001).

El viaje intelectual de Carlos L. Orihuela abarca el feliz período de quince años y en él se abordan temas como la literatura negra, en el que nos aproxima y nos permite conocer a uno de los más emblemáticos poetas negros de arraigo popular, el decimista Nicomedes Santa Cruz, creador de luces poéticas y orgulloso del color de su poesía. Esto va más allá y se detiene en la prosa, terreno de Gregorio Martínez y Antonio Gálvez Ronceros, quienes recrean con gracia y humor el cotidiano vivir de la gente negra, cuyo destino no es siempre del color de su piel, pues la alegría y el protagonismo no son monopolios de raza alguna. En la escritura de ambos se siente la atmósfera en que se desenvuelve la gente negra, su habla, sus vivencias. El protagonista, bueno o malo por ser humano, es el negro. El negro en la historia es la trama de la novela Malambo, de Lucía Charún-Illescas, que nos relata las peripecias de un negro en busca de su padre. Esta novela seubica en los tiempos coloniales. Por burla del destino, el protagonista muere a manos de su progenitor.

 Por cuestión de espacio, se hace un comentario breve de algunos ensayos. En “Historia y autobiografía en Historia de Artidoro de Washington Delgado” se argumenta que en la obra de un escritor siempre hay una que es la llave para abrir las puertas que nos lleven a comprender su obra integral y en el caso de Delgado, lo dice Orihuela, lo es Historia de Artidoro: “que constituye la configuración de un sujeto narrativo cuya funcionalidad sintetiza a niveles profundos un epílogo autobiográfico y un compendio ideológico e histórico”. Con Historia…, su autor va al encuentro de su personalidad poética porque ya sabe lo que persigue con la palabra. Integrante de la generación del 50, como el novelista Carlos Eduardo Zavaleta. A esa generación se asocia a la poeta Blanca Varela, de ella afirma el antologador que es un caso peculiar en el proceso de la poesía peruana y latinoamericana. El pertenecer a una generación no determina que se esté integrado o integrada a una escuela, lo que se tiene en común es la década o año, cada uno crea según su criterio. Varela trazó y definió su vuelo poético, y de esa decisión incomparable e intuitiva, nacida del desgarro del alma, floreció simple y bella poesía. Ese puerto siempre existió y solo faltaba buscarlo en el inmenso mar de su alma. Tienen cabida en esta selección las aproximaciones sobre el poeta horazeriano que explora lo novedoso en los extramuros de la palabra: Enrique Verástegui.

Nace un libro, ya hay una razón para que los ojos existan y el cerebro se ponga en ristre. La antología de Carlos L. Orihuela sintetiza cincuenta años de literatura peruana y ojalá sea el inicio para que aparezcan otras que están a la espera. (RYM)

 

Publicado en:

http://www.elperuano.com.pe/

Revista Variedades 155, 2010

 

LA MUERTE Y OTRAS TRAICIONES: TERRITORIO PARA ABRAZAR A LA MEMORIA DE LO FUGAZ

LETRAS / Víctor Vimos : 

 

Publicamos el siguiente texto, leído el 29 de noviembre del 2009 en la Feria del Libro de Quito, del escritor y periodista ecuatoriano Víctor Vimos en la presentación del libro: La Muerte y otras traiciones de Fernando Carrasco Núñez, recientemente publicado por Hipocampo Editores.

 

 “Adivino la muerte en cada paso, en cada giro que la manecilla del reloj da sobre mi piel que se marchita, adivino la muerte en la sombra que persigue a mis zapatos, en el abrazo que me cobija del abismo, adivino la muerte cuando frente al espejo, me reconozco apenas como una mancha de olvido.

Adivino la muerte y puedo oler sus pasos, mirarla como corre despavorida por entre las callejuelas de una ciudad que se hunde en la niebla, en la nicotina, en el alcohol, de una ciudad que duerme a los pies del mar, ese animal elástico que ruge renegando del alba.

Una muerte que no es delito, que no es angustia, que no es balazo ciego en busca de pieles que agujerear. Adivino la muerte que es mordida traicionera, una puñalada baja, un bolero sin acabar”.

 

No, la muerte no es una traición. La muerte es una vela que pacientemente espera a que nuestros pasos lleguen hacia ella, solo entonces se extingue. La verdadera traición ocurre cuando esos pasos, que deberían no desviarse del sendero predicho para sus huellas, lo hacen, y terminan extraviándose en la jungla de cemento y bullicio que conocemos como realidad.

Una realidad que ha ido restando espacios a la vida. Minimizándola de tal forma que ahora apenas es la justificación para que la memoria siga existiendo. Una memoria que nos habla por fragmentos, por señales, por escasas huellas, y que no permite ver más allá de lo que acontece.

Pero no todo está perdido. Para eso queda la palabra. Esa ánima eterna que dibuja formas, rostros y sueños, y que mediante ellos, nos induce a la locura, al amor, al llanto, a la traición y a la misma muerte.

Nada fácil entonces la labor de un escritor, que como en el caso de Fernando Carrasco,  propone una lectura desde los márgenes de la vida: esos momentos eternos en la fugacidad, en los que se puede encontrar el hueso del alma adherido al miedo de morir.

Nueve historias que como punto de inicio tienen la incertidumbre, y como punto de unión la muerte, aun cuando esta no se presente en ninguna parte del texto, se encuentra ahí, en forma de melancolía, de tristeza, de bochorno, de traición.

Nada más duro que la mentira para disimular la muerte. Es decir, que no es fácil ponerse una máscara y salir a fingir que estamos vivos, mientras dentro, en la casa que es el cuerpo, la locura crece. Nada más duro que ser un personaje de Carrasco, atado a esta mentira, a esta traición que es la vida, y envuelto en el desenfreno de una ciudad como Lima, esa especie de pradera de llanto, en donde se riegan uno a uno los acontecimientos que relata el libro.

Un escenario urbano en el que la mejor manera de probarse que se sigue vivo, es tentar a la muerte. Tentarla ocultando verdades, posesionándose de voces que transitan entre el espectro y la certidumbre, creando personajes que no tienen un límite en cuanto a la desdicha que llueve dentro de ellos. El lector, ese personaje moderno por antonomasia, encontrará en este lago de incertidumbre, una posibilidad para reflexionar sobre la manía de la vida por morderse su propia cola, esa sensación de abandono que a todos nos envuelve alguna vez.

Punto característico en la obra de Fernando Carrasco constituyen las notas de la rockola que escapan de cualquier portal, sin importar la hora que sea, para deshacer el instinto del lector. Así, escuchamos un son que sacude a quien está a punto de volar, un canto de drama que cobija a un torero que rememora la vida, a las puertas de su muerte, un bolero que muerde las barbas de un Cristo que sin necesidad de cruz, camina exhibiendo sus llagas,  una cumbia que envuelve el juego de barajas, la mala suerte, el odio.

Puestos frente a la construcción de La Muerte y Otras Traiciones, reconocemos la labor incesante de un escritor que, aun cuando está bordeando la juventud, arriesga todo por el todo, y se lanza tras de la historia, hasta alcanzarla. Poseedor de una narración ágil, limpia y con mucha riqueza de imágenes y técnica, Carrasco nos demuestra, una vez más, la gran valía de la tradición literaria peruana,  por la que él ha sido influenciado, así como la formación, a paso lento pero indetenible, de una voz propia que seguramente traspasará todos los bordes que el silencio deja sobre nuestra piel.

Buen viento para la labor literaria de Fernando Carrasco, que en este libro La Muerte y Otras Traiciones ha dejado más que anécdotas e historias que se pasan de voz en voz, ha dejado verdaderas muestras de un oficio de alfarero de la palabra, que nos convoca a mirar la vida en instantes, en espacios donde la duda y la incertidumbre, son la mejor forma de abrazar la tranquilidad. Que los tormentos no estén exentos de este paso por la vida, Fernando, así como la calma para ellos, que estás condenado a encontrar solamente en la palabra.

 

Links:

 

http://letras.s5.com/fc091209.html

http://letrasueltacultural.blogspot.com/2009/09/visitaciones-por-fernando-carrasco.html

 

Balance 2009, Registro Literario

 

LIMA

PRIMERA FILA 01 de Enero del 2010

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 Miguel Gutiérrez

LIMA | o de homenajes merecidos, y también de lamentables partidas a la dimensión desconocida. En general, fue un período ampliamente favorable a la aparición de buenos libros de poesía. Y es alentador que las voces de la mal llamada “provincia” rompan el cerco limeño.

La narrativa, por su parte, ofreció actos interesantes o de calidad estimable. Y como marco digno de alabanza, la consolidación de lo fantástico y de la ciencia ficción, gracias al trabajo persistente de autores como Elton Honores, Daniel Salvo y Carlos Saldívar. La nota enervante estuvo a cargo, sin duda, del necio alcalde miraflorino Manuel Masías, quien, con gesto de supina ignorancia, impidió que la tradicional Feria del Libro se realizara en el Parque Kennedy, su territorio de siempre a lo largo de tres décadas. Y un gran aplauso para la Cámara Peruana del Libro que, sin bajar los brazos, buscó una solución sensata e imaginativa frente a la estulticia edil, enemiga de la cultura.

La profusión de editoriales y producción nativa abundante no pueden confundirnos. Nunca se han publicado tantos libros locales; sin embargo, no todo lo que brilla es oro. Muchos entusiastas y espontáneos se lanzan al ruedo e impiden apreciar el verdadero talento y entrega a la literatura con conocimiento de causa. Dar gato por liebre en el Perú es muy fácil (sobre todo, si se cuenta con recursos e influencia mediática: el caso Cattone es el mejor ejemplo, como hace unos años lo fue el cantante Gianmarco).

Todos los ciclos se cumplen. Esta es nuestra lista y se ciñe exclusivamente al gusto personal (sin orden de prevalencia): Poesía: Dorada Apocalypsis (Tranvías editores-Intermezzo tropical, 2009), de Domingo de Ramos; Nocturama (Álbum del Universo Bakterial, 2009), de Diego Otero; Cadáveres (Mesa Redonda, 2009), de Alejandro Susti; Summer Screams (Hipocampo editores, 2009), de Francisco León; Danza finita (Hipocampo editores, 2009), de Stanley Vega; Teoría de los cambios (Sol Negro-Cascahuesos, 2009), de Enrique Verástegui.

Narrativa: La bandera en alto (Editorial San Marcos, 2009), de José B. Adolph; Confesiones de Tamara Fiol (Alfaguara, 2009), de Miguel Gutiérrez; Segunda persona (Mesa Redonda, 2009), de Selenco Vega; Haruhiko&ginebra (Correo Central-Muro de Carne Ediciones, 2009), de José Donayre Hoefken; Otra vida para Doris Kaplan (Borrador Editores, 2009), de Alina Gadea; Corte y confección (PUC, 2009), de Pedro Pérez del Solar; Breve historia del fútbol de Indonesia (PUC, 2009), de José Carlos Yrigoyen; Ahí va el señor G (Norma, 2009), de Juan Manuel Chávez; El ladrón de monosílabos (Ediciones SM, 2009), de Ángel Pérez. Ensayos críticos e investigaciones: Claves para leer a Vallejo (Colección Súmmum, Editorial San Marcos, 2009), de Ricardo González Vigil; Poéticas andinas. Puno (Pájaro de fuego, 2009), de Mauro Mamani Macedo; Mito, cuerpo y modernidad en la poesía de José Watanabe (Cuerpo de la metáfora editores, 2008), de Camilo Fernández Cozman; Historia de los sismos en el Perú. Catálogo Siglos XV-XVII (Universidad de Lima, FDE, 2009), de Lizardo Seiner Lizárraga.

Volúmenes colectivos: Discursos contra la bestia tricéfala (Hipocampo editores, 2009), de Rodolfo Ybarra, Arturo Delgado Galimberti y Rafael Inocente. Antologías: Palo y astilla. Padres e hijos en el cuento peruano (Alfaguara, 2009), edición de Jorge Eslava; Poetas peruanas de antología (Mascapaycha-ACID, 2009), selección y estudio de Ricardo González Vigil; Antología íntima. Cuarenta años de historias (Casa Tomada, 2009), de Carlos Calderón Fajardo. 

 

Ediciones especiales: El derrumbe de la Casa Usher (PUC, El manantial oculto, 2009), de E. A. Poe -edición de Ricardo Silva-Santisteban-; Poesía vanguardista peruana I y II (Pontificia Universidad Católica del Perú, 2009), edición y prólogo de Luis Fernando Chueca; Los deberes. Los himnos (Fondo Editorial UCSS, 2009), de San Ambrosio -edición y traducción de Julio Picasso Muñoz-. Revistas: Intermezzo tropical; Argonautas; Un vicio absurdo (U. de Lima); El Hablador (virtual); Velero 25 (virtual).

puntuales

Las entrañables ausencias: Enrique Congrains Martin y Blanca Varela.

El justo tributo: Julio Ramón Ribeyro y E.A.Poe.

Lo bueno: la poesía peruana y la lucha de la Cámara Peruana del Libro.

Lo malo: La novela de Cattone.

Lo feo: El desatino de Manuel Masías, alcalde de Miraflores, con la Feria del Libro Ricardo Palma.

Link: http://www.correoperu.com.pe/correo/nota.php?txtEdi_id=4&txtSecci_parent=0&txtSecci_id=82&txtNota_id=252756#

 

 

HA MUERTO EL CAPITALISMO, prólogo de Gregorio Martínez

para DISCURSOS CONTRA LA BESTIA TRICÉFALA

de Rodolfo Ybarra, tricefalos3

Arturo Delgado

y Rafael Inocente,

reciente

publicación de

Hipocampo Editores.

Lima, diciembre de 2009, 160 pp. Formato A5.

ISBN Nº 978-612-45205-5-6

 

 

 

En el texto de El manifiesto comunista, publicado la primera vez por la Liga Comunista de Londres en 1848, Karl Marx y Friedrich Engels jamás utilizan la palabra capitalismo, sustantivo común que denomina una etapa histórica en la civilización. En aquel llamado urgente a la unión de los pobres del mundo, que lo único que podían perder eran las cadenas, Marx y Engels solo se refieren al adjetivo capitalista, no al sustantivo de marras. Mejor dicho, aluden al modo de producción predominante en la economía de los países europeos más desarrollados en ese momento del siglo XIX. Pero el hecho es que los forjadores de la teoría marxista no mencionan el nombre del ideario burgués, el capitalismo como una etapa de la historia.

Dicho sustantivo, capitalismo, tampoco aparece en el primer tomo de El Capital, 1867, donde Karl Marx plantea su tesis económica que, según su análisis concreto, determina la violencia y las contradicciones sociales. Recién en 1877, en comunicación con revolucionarios rusos, Marx usa el vocablo capitalismo, en el sentido de etapa histórica, para explicar el tránsito de Rusia feudal hacia una nueva y moderna formación social. Después, décadas más adelante, Lenin teorizará sobre este aspecto en el libro Desarrollo del capitalismo en Rusia.

Por fortuna, aquellas tergiversaciones que los comisarios soviéticos introdujeron a mansalva en los textos marxistas, con la ávida complicidad de la Academia de Ciencias de la URSS, incluida la edición Fondo de Cultura Económica de El Capital, no afectan en lo substancial el punto en cuestión. Esa evidencia quedó como testimonio de prueba.

Trasluce, entonces, que el término capitalismo, en todas las lenguas modernas, tiene una procedencia tardía, siglos después del advenimiento de la propia ideología que el vocablo encarna conceptualmente.

Distintas fuentes coinciden en señalar al británico William Thackeray, el escritor satírico autor de la novela Vanity Fair, como el primero que en 1854 utilizó la palabra capitalismo, sustantivo común, en su acepción de sueño e ideal burgués.

Para mí, esta tardanza refleja un síntoma que la cultura europea nunca ha reconocido. Que la idea de rédito y sentido mercantil, el “espíritu fenicio” al que se refiere prejuiciosamente Mario Vargas Llosa en El paraíso en la otra esquina, llegó muy tarde a Europa a través de los árabes y los judíos, la cultura semita. Nada lo prueba mejor que la obra dramática El mercader de Venecia de William Shakespeare. Increíble que tan tarde como el siglo XVII, un italiano propietario de navíos era incapaz de entender que un préstamo o crédito estaba sujeto al pago de intereses, como lo reclama en la obra el judío rico Shylock.

En cambio, en el Perú antiguo, aimaras, huancas y chinchas ya habían asumido el mercantilismo y las ferias de trueque como una actividad para acumular riqueza, algo que no resulta inusitado en América precolombina si pensamos en el gran mercado de Tenochtitlán que, en el siglo XIV, eclipsaba a las mayores ferias y trocaderos de Europa, dicho por un testigo europeo como el joven Bernal Díaz del Castillo que estuvo entre las huestes de Hernán Cortés.

Como etapa de la historia, el capitalismo ya es difunto. No lo mataron las estrategias y tácticas del feroz marxismo leninismo trotskismo maoísmo sino el propio ir y venir de la dinámica de la civilización. ¿Acaso el corsi y recorsi, esa teoría de la víbora de dos cabezas de la que hablaba el modestísimo maestro napolitano Giambattista Vico? Que responda el oráculo Eric Hobsbawm, quien al desmoronarse el imperio soviético se aferró a la entelequia llamada neomarxismo por los teóricos académicos.

Hoy, en la primera década del siglo XXI, lo cierto y factual es que el capitalismo murió antes que ocurriera, en 2009, el último cataclismo financiero de Wall Street. El capitalismo como etapa histórica empezó su agonía cuando desaparecieron los magnates del acero, del petróleo, de los ferrocarriles, de las finanzas. Aquellos reconocibles íconos burgueses, abusivos e ignorantes, a veces disfrazados de filántropos caprichosos, llamados Mellon, Rockefeller, Ford, Carnegie, Morgan, Guggenheim. Ahora solo quedan sus fundaciones filantrópicas, algunas coludidas con la CIA como la Ford Fundation, magnífico reducto en el cual los magnates cobijaron sus fortunas para salvarlas del hacha de los impuestos y no por altruismo cultural como creen algunos incautos.

Esto lo afirmo a la vista de tres puntas filudas, tres discursos letales acicalados por Rodolfo Ybarra, Arturo Delgado Galimberti y Rafael Inocente, cada uno con garlopa propia. Lo afirmo con la certidumbre de que el preludio artístico siempre se adelanta a las constataciones de la ciencia, a los análisis de la teoría política o económica que el marxismo leninismo dicta que sean concretos y correspondan a una situación también concreta. Lo digo aquí, donde un trío de escritores, pasando por encima de la megalomanía libro/autor, se lanzan machete en mano contra la bestia tricéfala.

De Rodolfo Ybarra celebro el desenfado que a veces puede resultar ofensivo y hasta gratuito. Pero de eso se trata, precisamente, de lograr hervores en el lenguaje, sin condiciones. Si el resultado es perturbador, mucho mejor. Hay un buceo en la mitología urbana conforme Rodolfo Ybarra aborda el acontecer citadino. El logro es una nueva crónica que con intención, o solo por coincidencia, se convierte en documento. Tal estrategia tiene antecedentes, logros cenitales y genitales como el alcanzado por el cronista indígena Felipe Guaman Poma. Cuando se sueltan las riendas de la escritura y de la creatividad, nunca se sabe.

Muy distinto en apariencia, resulta Arturo Delgado Galimberti. Emparentado con mecanismos de escritura ciber, pero arraigado siempre en la factura artística, en la búsqueda de alcances literarios. Por mi lado, ninguna objeción contra el artificio. Al contrario, la literatura establece sus propias reglas secretas de un juego infinito. En esto tenemos que ser realistas para no caer en la escritura de baja estofa. El juego ciber y de espejos que maneja Arturo Delgado Galimberti verdaderamente deslumbra y consigue una atmósfera de algo que ocurre en otra dimensión, aquella de la tierra incógnita. Antes se podía hablar de experimentalismo, actualmente no. Toda escritura plena implica riesgo y experimento. Hay como un llamado y una tentación de la fruta prohibida.

Sin propósito determinado, o quizás a sabiendas, con intención preconcebida, el tridente discursivo y narrativo actúa igual que la serpiente Ouroboros. Se muerde la cola. Rafael Inocente cierra el círculo. Vuelve al logos de la urbe, al idiolecto de los extramuros. Entonces, el relato fermenta, se desborda. Pero ahora el mito urbano es diferente. Otra manera de urdir el discurso. Aunque tal vez no tanto. Víbora o serpiente al final es lo mismo. Colmillo más efectivo que la chaira de William Occam. ¿Acaso la prosa de Martin Adán, en La casa de cartón, no se desplaza también como un ofidio terso? Un cielo de Barranco color panza de burro. ¿Y cuál es el color del ámbito de un barrio de los extramuros? Rafael Inocente desembucha su relato y así empalma con el desenfado de Rodolfo Ybarra.

 Al terminar la lectura de estos tres materiales de distintos autores, veo en el cinema de la mente a Manuel Scorza, hablando como invitado en el congreso de escritores jóvenes que se realizó en la Universidad de Ingeniería en 1964, cuando ninguno de los tres autores había nacido. A mí no me permitieron participar por chusco e inédito irremediable. El proyecto editorial de Manuel Scorza, Populibros Peruanos, había sido un éxito abrumador. Sin embargo, Manuel Scorza pronosticó la muerte del libro de papel. El disco long play era la voz. Pero se quedó corto y no advirtió que entre libro impreso en papel y capitalismo hay un nexo siamés. Nacieron juntos y unidos en el siglo XV. Están signados por la misma suerte.

En la obra ficticia Utopía, tan temprano como 1516, Tomás Moro crea la bandera roja con la hoz y el martillo que simboliza la alianza del campesino con el artesano, emblema que cuatro centurias más tarde asumirá la revolución soviética y el comunismo mundial. No se trataba de un símbolo proletario porque en los tiempos de Tomás Moro la manufactura era menester de artesanos, maestros y aprendices.

 Pero constituye un hecho que el capitalismo germinó y creció en Europa, a partir de la semilla del mercantilismo que había llegado del sur, de la tierra del higo y el dátil, donde nunca hubo hoja de parra para cubrir coño o verga. Por donde se le mire, el capitalismo resulta al final una experiencia neta de la cultura occidental, de los mercaderes y factores que fletaban las naves para los viajes de descubrimiento y conquista, como el caso de Marco Polo que a la par que acarreaba mercancías, a cambio de espejitos y cuentas de vidrios coloridos, acumulaba en la tutuma maravillosas historias de allende los mares que tanto encandilaron, luego, a Jorge Luis Borges. Aunque este se equivoca cuando afirma que Marco Polo dictó su relato en latín. No. Se lo dictó en veneciano, en la cárcel de Génova, al poeta Rusticiano de Pisa y este, maromero singular, lo transcribió en francés para eludir a curiosos y soplones.

Eso sí, en los siglos XV y XVI el capitalismo se alimentó y tomó fuerza y músculo con el oro de México y del Perú, el rescate de Atahualpa que permitió el monetarismo circulante, el ducado y la libra, y trasladó la bolsa mundial de valores de Venecia a Londres. Atahualpa disponía de más cash que el banquero Jakob Fugger que habilitó al rey Carlos I para que se convirtiera en el emperador Carlos V, comprando al chinchín los votos de los príncipes electores de Europa.

Sí, ha muerto el capitalismo en cuanto fase histórica. Incluso percibo un cierto olor a Thimolina, ese Chanel # 5 de color anaranjado que antes era el típico perfume de los difuntos acicalados. En cuanto momento de la historia, con respecto al capitalismo ya podemos decir: a otra cosa, mariposa, mariposa cachera, y voltear la página.

 Esto no significa que se inaugure en la historia la fase socialista. No. Durante décadas, y quizás el siglo por delante, aún continuará predominante el modo de producción capitalista. Mejor dicho, seguirá vigente la manera como el capital en sus diversas formas —salario, crédito, maquinaria, instalaciones, materia prima, administración, expertiz— se constituye en el principal medio de producción de bienes tangibles o de entretenimiento y comunicación. El capitalismo como etapa de la historia, ya se acabó. No la historia como proclamó en un momento Francis Fukuyama, ideólogo del reaganismo y protegido del instituto de Henry Kissinger. Sin embargo, el modo de producción capitalista, tal cual lo caracterizó Karl Marx, continuará todavía normando la economía del mundo, imponiéndoles condiciones a los países pobres a sangre y fuego.

Justo, en el lapso en que Estados Unidos alcanzó la hegemonía económica mundial, cuando el imperialismo yanqui devino en el enemigo # 1 de los países del tercer mundo, las imágenes de los magnates y titanes del dólar se volvieron sal y agua, como dice el bolero cumbia. No más la catadura del feo John Pierpont Morgan ni la fisonomía del caballeresco Rockefeller que, muy mecenas, contrató al muralista rojo Diego Rivera para que hiciera un mural en el rascacielos Rockefeller Center de Manhattan. Esos íconos desaparecieron. Jamás llegaron a la televisión. Entonces, el lugar fue ocupado por el logo de las corporaciones.

Sin duda que los analistas políticos, embutidos de racismo aunque sean marxistas, cuadriculados por el esquematismo, dirán: la misma chola con distinto calzón. En verdad, sí se ha producido un cambio cualitativo en la naturaleza de la empresa capitalista, yanqui especialmente. No existen más los barones de las gigantescas corporaciones. Los propietarios son los anónimos poseedores de valores del stock market. ¿Anónimo no es masificación? ¿Masificación no es colectivismo?

 Un sujeto del tercer mundo, el mexicano Carlos Slim, es actualmente el hombre más rico del mundo. Calladito, sin el menor aspaviento, ya es el real propietario de The New York Times, el diario emblemático de Estados Unidos. ¡Un charro, paisano de Pancho Villa, dueño de The New York Times!

Recordemos que en 1985, cuando el cubano Roberto Goizueta decidió cambiar la fórmula secreta de la Coca Cola, la legendaria Seven X, y lanzó la New Coke, un hombre de la masa, Gay Mullins, físicamente muy parecido a Ernest Hemingway, le salió al paso. Con unos pocos dólares, Gay Mullins adquirió una acción de la Coca Cola en el stock market y, ya propietario de la gran corporación, encabezó una campaña contra Goizueta, el nuevo presidente de la Coca Cola. Con el respaldo de algunos accionistas y la barra brava de 60 mil consumidores, Gay Mullins hizo retroceder a Goizueta, lo hizo morder el polvo. El empresario cubano retiró la New Coke y restableció la Coca Cola Classic como exigía la barra brava. Roberto Goizueta era coetáneo de Fidel Castro, habían estudiado en el mismo colegio y procedían de familias similares y privilegiadas, pero algo los condujo por caminos distintos, siempre como líderes y dirigentes.

Así, muy imbricados, se dan los cambios en las fases de la historia. Durante cien años, entre los siglos XIII y XIV, Francia e Inglaterra se destriparon en busca de la hegemonía monárquica en Europa feudal. Cuando ambas naciones acabaron desangradas y escuálidas, la historia volteó la página. No más feudalidad, carajo. La modernidad se había descolgado de cuajo sobre Europa. Incluso la modernidad fue marcada, a fuego vivo, por la publicación del primer libro hecho a imprenta con tipografía, la ahora famosa Biblia de Gutenberg en dos columnas y 40 líneas.

Algo similar ocurrió en el Perú cuando, debido a la captura de Abimael Guzmán, entró en receso la guerra civil desatada por Sendero Luminoso. Los rezagos de feudalidad que tanto habían atormentado a la izquierda marxista peruana, aun a José Carlos Mariátegui, desaparecieron en la sangre y el polvo. Algo irónico porque las más de 40 organizaciones marxistas que existían en la década del velasquismo dejaron de lado la lucha armada para discutir, hasta la estupidez, si el Peru era feudal, semifeudal o simplemente capitalista dependiente y neocolonial.

En el siglo XVI, Niccolo Machiavelli publicó El Príncipe, el mejor tratado sobre política monárquica, todavía feudal. Pero en la misma época, Tomás Moro sacó a la luz Utopía, la primera teoría política que expone un programa de gobierno socialista, explícito en la segunda parte del libro. Ese mismo siglo marca el nacimiento del mercantilismo que, con la formación de una clase especializada en tal menester, dará origen a la burguesía y al capitalismo.

En el Perú colonial y republicano, las encomiendas o haciendas cañeras de la costa que operaban dentro del modo de producción capitalista, insertaron el esclavismo en la economía peruana, una modalidad que pertenecía a una etapa histórica anterior al feudalismo. En los Andes, hasta el siglo XX, los gamonales como el poderoso senador Celestino Manchego Muñoz, continuaban utilizando la servidumbre y el pongaje dentro de una economía capitalista con habilitación bancaria. Territorialmente, Celestino Manchego Muñoz resultaba, incluso, el propietario de Huancavelica, pues la ciudad estaba dentro de los linderos de su hacienda.

Entonces, podemos afirmar que en el Perú la feudalidad muere cuando el capitalismo ya era difunto como fase histórica. Ahora, poco a poco tenemos que minarle el terreno al modo de producción capitalista. Alertas siempre porque el socialismo nació como una tendencia derechista hasta que Pierre Joseph Proudhon planteó su tesis, ¿Qué es la propiedad?, y él mismo se respondió: un robo. Marx fundamentó teóricamente la prédica de Proudhon y profundizó la tendencia hacia la izquierda. Lástima que por oportunismo político, Marx escribe luego pestes sobre Proudhon, el hombre humilde que pensaba que los propios trabajadores deberían escribir la teoría política, no los intelectuales que se empezaron a llamar, ellos mismos, profesionales de la revolución.

 

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100_2716Presentación
en la 30 Feria
del Libro
Ricardo
 Palma
 
 
 
 
 
 
 

COLINA CRUZ / reciente publicación de Hipocampo Editores

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La mayoría de las historias de Colina Cruz se erigen como una suerte de  memoria colectiva de Guaranguillo, una aldea olvidada de la región de Jaén, en que junto al dolor, la violencia, la desolación se halla también el matiz humorístico de la comedia humana rural. Los personajes que son como sombras, como siluetas difuminadas o fantasmales, adquieren sustancia a través de la voz de de los distintos narradores, voces  que dan cuenta, casi siempre en un tono expiatorio y aun de conjuración, de la violencia subversiva y contrasubversiva, del peso de la superstición y la intolerancia aldeana, o de la iniciación degradada del sexo y el descubrimiento de la muerte y de la levedad y futilidad de los actos humanos. Pero lo que confiere mayor jerarquía artística a Colina Cruz, no son las historias en sí mismas sino la textura de la prosa,  fresca y precisa, con que Teófilo Gutiérrez ha sabido tejer las voces narrativas de sus deleitables cuentos.

                          Miguel Gutiérrez

 

Colina Cruz no es solo el rescate de la memoria; en sus historias seremos testigos de cómo la violencia es capaz de reinventarse para acabar con los últimos vestigios de la inocencia. La destreza narrativa de Teófilo Gutiérrez nos hará vivir –cual iniciados– esos momentos cruciales del Perú en que esta violencia deja ver su rostro antes de ejecutar a la víctima, allí en esos pueblos desolados, en donde lo raro, lo extraño y el asombro aún pervivían.

 Miguel Ildefonso

 

El arte del cuento, por su extensión y precisión, requiere de ciertas claves y sugerencias para que el cuadro presentado adquiera intensidad y profundidad. Pero no bastan solamente las técnicas, menos el artificio; en el meollo, es la historia la que finalmente impondrá su ritmo y dirección, y la que seducirá o desalentará al lector. En Colina Cruz, la vida humana corre con la soltura quieta que la da la palabra, y el ambiente rural que baña todos los cuentos deja, por instantes, un hálito de melancolía. Los personajes –seres sencillos, en contacto directo con la naturaleza– se enfrentan sin remilgos a su destino, y es en aquel destino donde se hilvana la visión del autor, que no es para nada fatalista, sombría, ni poco edificante, sino más bien de una sutileza irónica, parejada con un rango aleccionador.

 Carlos Rengifo

DATOS:

Estudió en la GUE San Miguel de Piura y literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado el libro de cuentos Tiempos de colambo (Sanval, Lima, 1996) y cuentos en revistas diversas. También colaboró en los diarios La Voz, La República, Ojo y en la Revista Somos de El Comercio. En 1989 obtuvo el Tercer Premio de Cuento Copé  y en el 2004 el Primer Premio de Cuento 500VL-Municipalidad de Lima. Es creador del sello Hipocampo Editores. Nació en Jaén, pero desde los 9 años vivió en la calle Libertad, cuadra 1, frente al Teatro Municipal de Piura, y frecuentó a diario la casa del tío Néstor Martos Garrido, como le decían cariñosamente los jóvenes de entonces. Amigo de los mangaches de la Junín, los últimos. Este libro retoma la escritura dejada hace años para publicar otros libros de diversos autores de la literatura peruana.  Publicamos Colina Cruz como un reconocimiento al autor-fundador por su calidad literaria fuera de toda duda.

  Alicia Santos

 

EL DESCONOCIDO (también en la voz de Eunice)

 

Lo trajeron de entre esas colinas pardas. De más allá de esa otra fila de cerros pardos y otro horizonte que ya mismo se topa con el cielo. Fue un octubre del recuerdo cuando el polvo y las langostas. Por aquel entonces no se nos borraba la costumbre de tendernos sobre esteras coloradas, esperando que un poquito de lluvia nos mojara la piel de los pies o como decía mi abuela herminia Valdizán, que se nos ventiasen las corotas, que en el caso mío, que soy mujer, haría lo que la abuela hacía: se callaba sonriente. En una de esas tardes lo vimos venir. Aunque en realidad a él no lo divisamos, sino a don José Perales, que arreaba una piara de mulas desnutridas que casi las tumbaba el viento. Don José Perales era el único comerciante de Guaranguillo, que continuamente hacía un recorrido de un día entero, hasta llegar a Santa Rosa, un pueblo costero en el cual  crecían helechos de increíbles coloraciones donde las putas, llegada la noche, hacían negocio redondo con los viajeros que llegaban de las alturas de Jaén. Y no lo vimos venir, porque don José Perales lo trajo en una alforja en contrapeso de unas piedras marinas, conchas y caracoles que compraba casi por nada a los ribereños y que después, con habilidad de vendedor de aceite de culebras, cambiaba por gallinas, chivos y cerdos a los brujos de Guaranguillo. Recién lo vimos cuando lo descargaron de la bestia. Lo sacaron de los pelos para depositarlo en la pampa. Estaba como tullido por la incomodidad del viaje y tuvieron que hacerle masajes hasta que dio algunos signos de vida. Entonces doña Gudelia de Perales dijo que para qué tanto cholo si abundaban en Guaranguillo, que más daba trabajo el criarlos, una vaina tus ocurrrencias José, y de paso ¡cagado! Ahí mismo lo bañaron sin sacarle los trapos que lo cubrían, echándole varios baldes con agua, luego, ya ensopado lo cogieron de los brazos y en vilo lo tendieron sobre una tarima de magueyes muy cerca de la cocina, donde Engracia se compadeció de él y lo desvistió, abrigándolo con un sudadero que aún tenía el salado del sudor de las mulas. Era un churre por entonces y don José Perales lo bautizó con el nombre de Machaguay Brito. Jamás supimos por qué tuvo que llamarlo así, pues, según la historia de su origen, no se conocía ni siquiera el apodo de sus padres. El mismo José Perales diría posteriormente, a quienes con tanta insistencia trataron de averiguar la procedencia de Machaguay Brito, ¡que solo era un hijo de puta y que se lo regalaron porque les dio pena tirarlo al mar!

(Colina Cruz, Hipocampo Editores, 30 de diciembre de 2009, Lima-Perú) 

 

MÁS INFORMACIÓN:

http://letrasueltacultural.blogspot.com/2009/12/colina-cruz-teofilo-gutierrez.html

 http://www.hipocampoeditores.com/hh/hh.html

http://sol-negro.blogspot.com/2008/04/la-mujer-de-antonio-claros-cuento.html

 

 

 

 

 

AUTOBIOGRAFÍA DE UN DESMEMORIADO /Litman Torres

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Litman Torres Rodríguez utiliza los recursos de la memoria histórica y de la imaginación estética para urdir una epopeya del pasado y del presente, una compleja relación de quienes creyeron cumplir una gran misión y de quienes hasta hoy buscan cómo liberarse de esa prisión histórica que fue la conquista y la evangelización en el escenario amazónico del Bajo Huallaga y del Bajo Marañón.

El poeta se distancia de la inmediatez del paisaje, que siempre agobió a muchos versificadores loretanos, sanmartinenses y ucayalinos, para mostrarnos las contradicciones de personajes y culturas en un momento de extraños encuentros entre conquistadores y conquistados.  El lenguaje poético se encarga de convertir las dolencias de los grupos originarios en una esperanza de redención.

El libro es la búsqueda de la verdad histórica a través de una poesía del hombre con esperanza.

José Ramos Bosmediano

 

Autobiografía de un desmemoriado (Hipocampo Editores, 2009) del poeta Litman Torres Rodríguez (San Martín, 1981) es un conjunto de poemas que relatan parte  importante de la historia de una zona de nuestra amazonía: “la conquista y la evangelización en el escenario (…) del bajo Huallaga y del bajo Marañón”, tal como se dice en la contraporada. Si bien el libro “es la búsqueda de la verdad histórica”, por ello su minucioso documento de personajes, lugares, y procesos colectivos y de conflictos; también es la búsqueda de una verdad poética, que está relacionada con la memoria, la persistencia, la lucha por la supervivencia, los estragos del tiempo. Podríamos remitirnos a algunos libros de poetas peruanos que apelaban a la historia y a la crónica, como Tulio Mora con Cementerio general, Antonio Cisneros con Crónica del niño Jesús de Chilca, o Lo que no veo en visiones de Ana Varela. Igualmente atisbamos referentes borgeanos, tanto en el prólogo y en el epílogo, así como con las imágenes y los simbolismos bélicos, como en Borges era la espada. Una mirada abarcadora, propia de los inmensos campos verdes de la selva, en donde el poeta se conecta con todo lo inmemorial, justamente para reconstruir el tiempo.

Miguel Ildefonso

Litman Torres Rodríguez, nació en Barranquita (San Martín) el 18 de agosto de 1981. Cursó la educación primaria, secundaria y superior en Yurimaguas. Se graduó como profesor especialista en Lengua y Literatura en el I.S.P.P Monseñor Elías Olázar Muruaga con la tesis monográfica Los “demonios” históricos en la narrativa de Gabriel García Márquez o la historia como materia. Ha ganado el segundo premio en los Primeros Juegos Florales Virgen de la Nieves 2002 en el género cuento.

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 PRÓLOGO DEL AUTOR 

Encontré el siguiente fragmento en un libro del P. Pablo Maroni, el año 2004. El manuscrito, una sola hoja sin firma, estaba escrito en papel tosco, amarillento, con tinta negra a punto de borrarse. El hallazgo me sorprendió porque el libro, muy consultado por los estudiantes de pedagogía, tuvo que haber pasado por muchas manos antes de llegar a mí. Estaba escrito en español. Al leerlo descubrí que el vocabulario y la ortografía eran de un siglo pretérito, por la morfología, quizá del siglo XVII ó XVIII (ortografía y vocabulario que tuve que adecuar a nuestra época para su inteligibilidad). Luego caí en la cuenta de una incoherencia que hasta hoy me desvela: el autor se servía para apuntar su reflexión de un español antiguo pero a juzgar por los elementos que emplea (concepto de modernismo, aparatos de la vida contemporánea) las líneas parecen escritas no por un jesuita ni por un descendiente directo de conquistadores sino por un coetáneo nuestro. Pero, ¿y la peculiaridad del lenguaje arcaico? Es una incógnita que no he logrado resolver. No me resigno a una broma gratuita; sé que la dificultad de ese lenguaje disuadiría a cualquiera. Tal vez fue escrito por un profeta desconocido, un vidente; tal vez es una iluminación perdida del P. Samuel Fritz que sus exegetas ignoran. El texto, con alguna parte irrecuperable (la señalo con corchetes) pero perfectamente discernible, dice: “Una noche, como tantas, vi la vida nocturna de la calle: bares, pollerías, fiestas, discotecas, moda, modernidad, y me pregunté si sería posible vivir de la misma forma con un minuto de memoria, y me dije que sí, que podríamos partir a la recuperación del pasado mediante la evocación y el recuerdo sin dejar de ser por esta razón modernos. Luego descubrí que esta actitud modernista hacia el tiempo en nuestra gente era imposible porque la realidad de su deseo no era la perdida, la inmemorial, es decir, el mundo de los ancestros, sino la inmediata, la actual de realidad de Europa y Norteamérica. […] La sociedad posmoderna al liberarnos nos ha desorientado y ahora buscamos nuestra identidad no en el pasado, no en las raíces, sí en el dinero, sí en el confort. Tenemos ansias de ser actuales pero sólo somos unos sofisticados desconocidos de nosotros mismos; poseemos artefactos, celulares, vehículos, medios, pero nos falta conciencia, conciencia histórica. El auténtico moderno forja el presente del hoy y de ayer, no desconoce su pasado y eso afirma su identidad y de ella parte a la conquista de la realidad más justa y universal, la que quiere para su gente. Debemos ser modernos, no desmemoriados”.

 

ANTE EL MONUMENTO A LAS BANDERAS

 EN EL PARQUE IBIRAPUERA,

SÃO PAULO

                                  A mi padre Gimner Torres González

 

I

 

Villa San Pablo de Piratininga y tú ya no son lo mismo.

Ella, oculta por Sierra del Mar, moraba en altiplano.

Tú ves el mar y suspiras por Italia y apenas piensas en aquel  imperio lusitano.

Ella, menesterosa y desfavorecida, hizo del hombre bravío.

De ella partieron las más de las veces los hombres que      ensancharon el mapa hasta Mesopotamia.

Hombres a la vez temerarios y confundidos que surcaron el Tiête y el Río Verde hasta Serra das Ararás;

Que caminaron por Tombador y cruzaron al oeste, hacia Madeira;

Que en allí llegando bajaron a Solimões y lo surcaron e iniciaron la ruina de los jesuitas.  

De ti sólo salen barcos hacia Europa y a los autos que se adentran hacia Brasilia y Rondonópolis los mueve únicamente la aventura turística del weekend.

 

II

 

Ustedes antes vivas siluetas hoy bloques de piedra;

Ustedes que formando un ordenado séquito siguen al sol con grisáceos ojos;

Ustedes dos capitanes que orientan la bandera en caballos robustos;

Ustedes, oh soldados, que los siguen en fila decididos a sufrir las vicisitudes de la aventura,

Muertos a quienes São Paulo y Pernambuco deben más que indios fugaces;

Ustedes hicieron de Brasil más que la franja de Tordesillas.

Amparados en la oscuridad de la ciencia y en una desidia ancestral arremetieron contra la Corona Íbera,

Sufrieron en Mbororé.

Obligados fueron a enterrar sus muertos en semana santa y quizá comidos fueron por caníbales.

Maltrechos y agonizantes llegaron a São Paulo en un alto y medio,      

Pero se reorganizaron y atacaron de nuevo.

Porque ustedes no creían en autoridades de leyes ni de tratados,

Sino en la autoridad de la lucha y de la sangre.

Misiones te impuso la suya y miraste hacia el norte.

 

Portugueses, mestizos, indios tupíes;

La mezcla de razas fue tu espíritu siempre,

Y con ella te diste a la caza de indios y a la conquista del territorio que el meridiano de La Casa autorizara a los ojos de Juan II.

 

Marañón no fue nunca un Alto Uruguay

y así nació Tabatinga, Benjamín Constant y Amataurá.

 

Ustedes, ladrones y bandidos para nosotros, son la justa gloria de lusos y de cariocas. 

 

REMINISCENCIAS

 

Involuntariamente enceguecido

he repetido tus pasos en busca

de la orilla que retenga tu brusca

caminata. Mi remo perseguido

 

Por la oscuridad ha naufragado

en la luz; porque tú no habitabas

ni moras en los libros, tú quemabas

tu choza y el viento levantado

 

Olía a chamusquina. ¿Qué me llegan

de tus días sino testimonios

vanamente solemnes? Demonios

negros marcando tus huellas niegan

 

A través de tres siglos tu cierto

sufrimiento. La historia es inhumana

y en ella moran fantasmas, vana

rigurosidad de lo incierto.

 

No poseen las letras el color

de la sangre vertida. Como este mes

que va y vuelve y no me trae tus pies

mis palabras no abarcan tu dolor.

 

 

 RITO

 

Es el atardecer de un día soleado.

La aldea está silenciosa.

No se ven criaturas ni animales.

Parece como si todos durmieran la siesta

O hubieran salido de cacería.

En todas las chozas se nota el abandono,

Menos en una por cuyo techo se escapa el humo.

Es como las otras, de forma circular,

La puerta estrecha no supera la altura

De un párvulo.

En los alrededores se ven, dispersas,

Matas de ajíes, saúco y papayas.

El techo es el cerco y no se ven plataformas

Ni hamacas colgantes.

De pronto, por la estrecha puerta sale una niña,

Presurosa, atraviesa el patio que hay frente a ella,

Toma el sendero que se pierde en el monte,

Y desaparece.

La aparición es tan fugaz que es como

Si no hubiera sucedido.

Todo sigue igual y nada ha cambiado.

Un minúsculo pájaro vespertino

Se posa en un arbusto de ají,

Da saltitos despreocupados, buscando algún insecto,

Pero pronto se detiene,

Otea el grupo de chozas que le circundan

Y se queda atento,

Amaga un vuelo, luego otro,

Y cuando por fin lo hace,

Por la misma puerta por donde salió la niña,

Aparece otra figura.

Es un hombre bajo, prieto,

Tiene el cabello corto, a la altura del hombro,

Está desnudo y apenas unas hilachas le cubren el sexo.

Tiene el rostro inexpresivo de los animales

Pero se adivina que está contrariado.

Está ansioso y no deja de atisbar el sendero

Que tomó la niña.

De adentro de la choza salen unos quejidos;

Por el timbre se puede decir que es una mujer.

El hombre no se mueve de la puerta.

Lleva algo en los brazos, algo que acurruca.

No es un paño de llanchama,

Es algo más vivo.

A poco aparece la niña; no viene sola.

Una vieja de unos setenta años la acompaña,

Una vieja que con lentitud segura carga un machete

Y una ollita de barro.

Se acercan al hombre, que al mirarlas parece

Más contrariado.

Éste le hace una seña a la niña y la pequeña desaparece.

Sólo quedan los dos en el patio,

La mujer deja la ollita, se acerca unos pasos,

Estira la mano y descubre lo que el hombre tiene en los brazos.

Un gesto de desaprobación se lee en su arrugado semblante.

El hombre, con la cabeza, asiente;

Le entrega el envoltorio, que parece no pesar mucho,

Entra en la choza y no vuelve a salir.

Adentro los quejidos se convierten en lastimeros sollozos.

Sin cuidarse de hormigas o alacranes,

La vieja coloca el fardo en el suelo,

Coge el machete y, con dedicación, con esmero,

Con todo el esmero que sus muchos años se lo permiten,

Cava un hueco en el patio.

En más de una ocasión mide la hondura del hueco

Con el machete por vara.

Terminada la tarea se levanta, quita la manta

Y una cosa de carne patalea en su mano.

Le coge por los tobillos, un poco con

Cariño, y lo introduce en el hueco.

Luego, poco a poco, puñado a puñado,

Va colmándolo de ceniza que extrae

De la ollita de barro.

Nunca tuvo más vida la cosa de carne.

Pero al fin cede. La mujer lo saca y el niño está muerto.

 

 

 

 

 

 

LA MUERTE Y OTRAS TRAICIONES de Fernando Carrasco

 

 

 

sin-titulo-2La muerte es el elemento dominante de estas historias, unas veces independiente de la voluntad de los protagonistas y otras veces como el instrumento al que estos recurren para cegar el foco del que emanan los males que los aquejan. Así, la muerte se configura como la solución a un terrible problema de identidad. O como un acto de venganza. O como el impedimento de un futuro de esclavitud. O como el punto final del sometimiento cotidiano en la vida conyugal. O como el resultado tácito de la irremediable decisión de querer surcar el espacio al igual que los animales alados. O como actos sangrientos de la locura. O como la condición desde la cual el protagonista, ya difunto, reconstruye los hechos que hilvanaron su muerte y que en vida no conoció de manera cabal. Estas historias son notables también por el arte y la destreza con que han sido ejecutadas. Los hechos van tejiendo la historia hasta el punto en que se agotan los elementos que son capaces de crear la indispensable tensión, como para que luego fluya, como una revelación, el desenlace. Son historias que hacen honor al género cuento.

Antonio Gálvez Ronceros

Vemos a un escritor que se ha asentado en una rockola cual si fuera su escritorio, en un gabinete que reconocemos tan cercano y transitable como una calle de Lima. Una Lima y una prosa, a la vez, que no nos dejan de impactar por saber mostrar una y otra vez la crueldad de la belleza. He ahí el manejo ágil del lenguaje, embebido de detalles que perfilan acertadamente la psicología de sus personajes y la atmósfera, tal como lo hicieron escritores como Carpentier, Puig o Cabrera Infante al ritmo del bolero. Pero el peruano con el bolero cantinero, y el tango feroz y la cumbia peruana de Chacalón. Fernando Carrasco se regodea en sus bemoles y giros, apuntando su cantar nocturno hacia la sorpresa final, ese final que venía al asecho soterradamente. Sus personajes podemos ser cualquiera de nosotros. Todos están invitados. La fiesta empieza otra vez. La fiesta está adentro. Cada paso del destino es el paso de un baile que nos llevará hacia el ansiado amor o hacia la terrible muerte.

Miguel Ildefonso

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Fernando Carrasco. 

Siguió estudios de Educación en la Universidad Enrique Guzmán y Valle, La Cantuta, y continuó una Maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana en la UNMSM. También ha realizado un Diplomado en Didáctica de las Ciencias Pedagógicas. Ha sido ganador y finalista en diferentes concursos literarios como los Juegos Florales de la UNE (1997), Juegos Florales de la UNMSM (2003).  Concurso de Cuento Alfredo Bryce Echenique (2003). El 2006 publicó el libro de relatos Cantar de Helena y Otras Muertes, libro finalista en el Segundo Concurso de Cuento y Poesía Dedo Crítico 2004. Ha dirigido un taller de cuento en la Universidad La Cantuta. Sus textos de creación y ensayísticos han aparecido en revistas especializadas como San Marcos, Dedo Crítico, Ínsula Barataria, Sieteculebras, Arteidea, Letra Muerta, Sol de Ciegos, entre otras. Su obra narrativa ha sido considerada en las antologías: Mural de Palabras 2. Narraciones Peruanas (2009), Nuevos lances, otros fuegos. Narradores de los últimos años (2007), Abofeteando a un cadáver. Antología de literatura bizarra (2007) y en Doce Cuentos en Letra Muerta (2006). Se dedica a la docencia en diferentes instituciones particulares.

 

 

 

 

 

 

 

 

DANZA FINITA de Stanley Vega

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En estos tiempos en los que abunda tanta poesía estridente, narrativa, desmesurada, es reconfortante encontrar una voz que marcha a contracorriente y quiere recuperar un lirismo esencial. Esta es la aventura que emprende Stanley Vega en los 42 poemas de este libro: desplegar una Danza finita a través del extrañamiento y el amor. Pero el interés de su propuesta está en la conquista de una palabra lacónica, transparente, moldeada cuidadosamente en los espacios íntimos, segura en su aparente sencillez o frugalidad, y que alumbra en cada breve texto hasta volverse descubrimiento, deseo, temblor o sacrificio.

Carlos López Degregori

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Stanley Vega Requejo

 

(Santa Cruz, Cajamarca)
Reside en Chiclayo desde muy pequeño. Ha estudiado Lengua y Literatura y publicado los libros Inútil inventario (Arte rupestre, 2001) y Soliloquio de las hojas (2003).Colaboró durante varios años en el  suplemento dominical del diario La Industria. Actualmente edita y dirige Entera voz, revista de ideas, creación y sociedad.
 
(de) DANZA FINITA
3
Un desierto se abre

entre nuestros pechos.

 

Pronto llegará la noche

y las arenas de nuestras almas

comenzarán a agitarse

en turbulento lenguaje.

 

7

Hoy he vuelto a viajar

hacia un lugar

donde nadie me espera.

 

Y es que a decir verdad nadie existe.

 

13

Mis sueños.

 

Moribundos elefantes

que hacia un lugar

inhóspito y desolado

van a morir.

 

20

Y de pronto te has dado cuenta

que lo único que nos queda

es el agradable olor de la tierra mojada.

 

41

La tierra se apolilla

de una manera imperceptible.

 

Acerca tu oído.

 

Pronto llegará el momento de caer.

 

Más:

http://rodolfoybarra.blogspot.com/2009/12/sobre-stanley-vega-y-su-danza-finita-y.html

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Summer Screams de Francisco León

Puedo llegar al mar con la sola alegría de mis cantos, escribió el gran Lucho Hernández a principios de los 60s. Desde aquellos días, mucha agua ha corrido bajo los puentes de la poesía peruana, pero hoy tenemos al poeta Francisco León fascinado por el océano, esa ‘gran madre verdi-dorada’ como la llamó Joyce. Sus poemas salen del fondo de su alma, con rabia, con desesperación, con belleza. El mar y sus musas, esas chicas doradas por el sol del verano, le otorgan inspiración y un motivo para vivir, aunque le ronde el suicidio y la vacía soledad. Para un poeta estos son temas esenciales, y también su enfrentamiento al mundo. En este caso el capitalismo multinacional que nos presenta cotidianamente “nuevas pollerías y caras de drogos”. Pero a León lo salva el rock, el sunset, y su sensibilidad puede extasiarse en una apocalíptica visión del sistema capitalista globalizado. Su poesía solo camina por el recuerdo, entre giros coloquiales: Mira Chato se acerca el verano y con alguna resonancia vallejiana, esas almas pasteleras (que alguna vez nosotros fuimos) podemos disfrutar de un tono fresco y rotundo como el de este libro de León, con cuyas páginas entra con pie firme al nuevo concierto de la poesía peruana.

 

Roger Santivánez

Mayo 2009 /Thalassa  oh Thalassa

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GRITOS DE VERANO

Siomara España Muñoz*

 Hay tanta arena como soledad insalvable, soledad incluso en la soledad ansiada” y es esa soledad, la que lleva a Francisco León Carrasco  a retomar los caminos de un  insólito verano que asoma por calles saturadas de códigos que se amalgaman entre la metáfora de los letreros de neón. Espacios lúdicos que dan desde la perspectiva del lector la sensación de una ciudad alucinada, lo que hace de Gritos de Verano exactamente eso, un grito de auxilio de un verano que se pierde y pierde entre sus piernas a los transeúntes de un tiempo donde el sol evoca, calcina, sueña, mientras acongoja y lacera al mismo tiempo, es este el espacio donde el poeta busca incesante sus propios signos para reivindicarse ante un mar-espejo, o ante la cotidianidad de sucesos con los que pinta lo mismo una puesta de sol que las cosas mínimas a las que eleva en su palabra.“Si para reconciliarme con el sol tuviese solamente dos alternativas elegiría sin pensar/…aquella de las cosas mínimas…”

Es palpable la cercanía del autor con un idioma extranjero, evidente desde el inicio del poemario cuyo título reza: “Summer Screams”, cercanías que seguramente a León le son imposibles de franquear, y que quizá lleven al lector a plantearse varias interrogantes, pero que sin duda es el modo particular con que el poeta se reconoce. Por mi parte me referiré al poemario como Gritos de Verano, (traducción del título).

Gritos de Verano es una intensa travesía que atrapa pero que deja a la vez momentos para evocación y melancolía. El poeta añora desde el  desenfreno lírico su tiempo donde con diferentes voces va sentenciando desde el presente que cualquier tiempo pasado fue mejor” (parafraseando al gran Jorge Manrique)

La voz poética de León  también  transita por las vías donde el amor tiende sus redes y el poeta busca refugios infructuosos entre el mar y la poesía, esa poesía que se encarna entre  ternura y  lujuria, entre frío y dolor, entre arena y fuego. Es una evocación constante porque intuye entre delirios, que después del último “sunset” no habrá ya mas retornos. Así evoca:“Te recuerdo tal y como te encontré: riendo… vestida de botones untando caracoles en tu cuerpo” o, “Hubiera ido por la tierra matando/ conquistando/destrozando los cielos/ Si aquel día/ niña germana/ me hubieses dicho: te quiero”. Rupturas de espacios y tiempos se ponen de manifiesto en este poemario, donde la incertidumbre emana desde lo vivencial para desbordarse luego a lo anagramático de sus diferentes significantes.

Una realidad trazada entre los límites de la memoria y el campo visual de las calles y sus melodramas habituales, así, sin duda es León un poeta visual y urbano, pues va pintando entre ciudad y arena una serie de historias dentro de su propia realidad-ficción.

El poeta vive en un entorno donde convergen mundos paralelos y canta según lo va viviendo, así estas imágenes que a manera cinematográfica traza, dan exacta cuenta del dolor que lo subleva, la cotidianidad que lo vulnera y lo lleva a crear los versos de este poemario.

León de manera recurrente entre sus versos va decodificando la palabra SOL, para en una suerte de simbología lingüística decir a la vez: sol divisa, sol patria, sol calor, sol mar, sol vida, sol, Gritos de Verano”:  “Tengo la más grande tristeza… Juega el sol en tus pupilas”; “…alegría sin par…sol de nuevo cuño”; “…sol de enero”; “para reconciliarme con el sol solo debo pensar en tu alegría”; “…surges… mojando de sol… todas mis playas”; “horas sin sol desperdicios y tú…”

Un universo sensorial es presentado ante el espectador-lector para luego a manera de aislamiento aristotélico girar su visión y descubrir nuevos senderos que evidencien su humanidad, esa humanidad que lo atrapa en los sucesos simples de la vida donde la escasez de la metáfora esencial de la poesía es remplazada por ese laberinto visual de sus poemas que invitan al lector a transitar con acuciosa mirada por cada uno de los versos de Gritos de Verano y familiarizarse con ellos. “Cajas de “Close-up”/… calabazas/ Perros en frascos de shampoo/… cementerios/… niños muertos/… gigantescos árboles/… postes/… madrugada…/playas…/ diosas en cuclillas/… falsos generales…”

Un devaneo constante como los desvaríos proféticos de la trompeta apocalíptica, “Oyendo los atronadores compases del último jazz…/ para subir al cielo va  traspasando  ese espacio donde el poeta desnuda su alma, alucinando por senderos de papeles de colores de un verano disoluto que invita a zambullirse entre un mar rebosante de visiones, es entonces donde el poeta se encuentra con ese yo interior con ese delirante “yo” que le arrastra por un laberinto existencial“…Todos somos náufragos/ en las aguas de la muerte.”

El poeta busca en su interior, y se encuentra en la nostalgia que llega a manera de lluvia de señales, y sólo mengua para dar cabida a la realidad “Una lluvia fresca nos coge por sorpresa Una lluvia fresca ¡NO!   Es el tiempo que llora por nosotros… sobre esta húmeda avenida… /  La vida es un millón de historias que deambulan… sin sentido”

La poesía de León vislumbra la misma individualidad de la mayoría de los poetas jóvenes de América hispana, una voz en solitario que en muchas ocasiones lleva a esta generación a caer en un lenguaje crucigramado, tan personal que resulta imposible decodificar.

En muchas ocasiones el tratamiento de los temas eróticos da cabida a un lenguaje directo que alejado de la sensualidad cae entre lo hirsuto y lo soez, sin embargo son algunas de estas mismas voces las que rompiendo planteamientos van dejando huella en el quehacer literario en general y poético en particular, y es en ese espacio donde los eternos temas universales: amor, dolor, vida, muerte, etc, toman  forma, sumándole León un componente adicional acorde con la contemporaneidad, la destrucción del hombre por el hombre. Esta temática toma entre los finales versos del poeta una visión particular del entorno, entretejido entre destrucción y vida, así sentencia:“Hay demasiado polvo/ para ver el mar…/ un mar sucio y salado/ …ecos… cuerpos muertos/ … suicidios por amores de verano…”

Gritos de Verano es un ir y venir entre el pasado y la memoria, la lucidez y la locura, es un constante peregrinar por abismos donde cada palabra tiene  su propio significante, donde fantasmas y demonios cumplen una suerte de anagrama parabólico.                   

Valery nos dice que la poesía no se hace con los sentimientos sino con las palabras, así León sustenta en la exacta lucidez de la palabra, su poesía.

*Poeta y narradora ecuatoriana.

Mayo del 2009

 

 

Abordajes y Aproximaciones / Carlos L. Orihuela

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 Abordajes y Aproximaciones. Ensayos sobre literarura peruana del Siglo XX (1950-2001). Hipocampo Editores - Escuela de posgrado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, agosto de 2009, 184 pp. Formato: B5.

 INTRODUCCIÓN

Abordajes y Aproximaciones es precisamente eso: un acopio de abordajes, análisis tentativos, aproximaciones a textos, autores, tendencias literarias, asuntos y temas de especial interés e importancia dentro de un período de aproximadamente cincuenta años en el proceso de la literatura peruana contemporánea (1950-2001). Estos estudios, a excepción de dos (que los escribí como capítulos de libros), se originaron en ponencias leídas en diversas conferencias sobre literatura hispanoamericana en universidades de los Estados Unidos e Hispanoamérica, en los últimos quince años. Esto explica que el presente volumen tenga más bien carácter de antología y que sus contenidos hayan tenido que ver de algún modo con los requerimientos de los eventos en los que iban a ser presentados. 

A pesar de las circunstancias académicas a veces azarosas en que se originó, esta selección temática representa un itinerario intelectual, un mapa de preferencias, gustos y prioridades personales, un testimonio escrito de una particular manera de enfocar el análisis crítico de la producción literaria en el Perú, país caracterizado esencialmente por la diversidad cultural y la fragmentación social. En el presente volumen he dado preferencia a autores y obras que en su conjunto puedan ofrecernos un panorama ilustrativo de la dinámica histórica con que se produce la literatura peruana en años cruciales en el llamado proceso de integración nacional. He tenido especial interés en la inclusión de cuatro autores (Nicomedes Santa Cruz, Antonio Gálvez Ronceros, Gregorio Martínez y Lucía Charún Illescas) con cuya obra intento desarrollar nociones -en lo posible esclarecedoras- sobre la presencia cultural africana en lo que en palabras del maestro latinoamericano Antonio Cornejo Polar vendría a ser la totalidad contradictoria de la literatura peruana y latinoamericana. Bajo esta misma perspectiva, y manejando similares principios metodológicos, se desarrollan los estudios sobre autores que vienen a conformar las denominadas generaciones de los 50, 60 y 70, como son los casos de Blanca Varela, Carlos E. Zavaleta, Washington Delgado y Enrique Verástegui, como también el ensayo referente al desarrollo del sujeto descentrado y la conversacionalidad en el proceso de innovación de la poesía peruana en las décadas de los 60 y 70. No pretendo un trabajo enciclopédico ni menos proponer parámetros de organización, periodización o enjuiciamientos generalizadores sobre un segmento considerable en la literatura peruana contemporánea. Mi objetivo primordial es poner en consideración la serie de reflexiones y conclusiones a que he venido arribando en lecturas e investigaciones realizadas en los años de mi trabajo docente en las aulas universitarias, en especial en las de la Universidad de Alabama en Birmingham, ciudad cuyo ambiente intelectual y significados históricos en el devenir social norteamericano me han resultado por cierto motivadores y estimulantes.

He tratado de mantener el espíritu y procedimientos hermenéuticos originales de estos ensayos, de manera que no se pierdan o desnaturalicen las hipótesis con que se impulsaron, ni se arriesgue su unidad, coherencia, ni  mucho menos sus propuestas interpretativas. 

 Carlos L. Orihuela

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Carlos L. Orihuela (Tarma – Perú) Poeta, narrador, crítico literario y profesor universitario. Obtuvo el grado de Licenciado en Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos del Perú, y los de Maestría y Doctorado en la Universidad de Pittsburgh, en los Estados Unidos. Ha realizado igualmente estudios de postgrado en Literatura Española y lingüística en Madrid (España). Ha publicado tres poemarios e innumerables relatos y artículos de crítica literaria en diversas publicaciones periódicas peruanas e internacionales. Participa con frecuencia en conferencias sobre Literatura Latinoamericana en universidades norteamericanas e hispanoamericanas. Ha ejercido el magisterio secundario y universitario en el Perú y los Estados Unidos. En la actualidad es Profesor Asociado en el Departamento de Lenguas y Literaturas Extranjeras de la Universidad de Alabama en Birmingham (Estados Unidos). Practica la pintura y la fotografía y ha desarrollado (y desarrolla) viajes de estudios por Norteamérica, Latinoamérica, Europa y Asia.