Antropología de la espuma en El Averno

 

Antropología de la espuma condensa una terrible historia contemporánea: de cabo a cabo, cual obscura condena, una densa espuma ha cubierto absoluta y completamente todas las esferas de la vida. Yacen velados en la espesa mastaba del olvido acontecimientos, cuerpos y recuerdos. En este contexto, la poesía se enunciará como develamiento, como alegato del relámpago y como directo desafío a aquel gobierno de la noche. Las imágenes resultantes de este sabio y noble propósito comunicarán la encendida defensa de la memoria, antes que la precipitación infinita al vacío; la celebración del gozo al recuperar intacta –entre la herrumbre espumosa– la semilla de algún recuerdo familiar; y el progresivo desgarramiento de no poder develar, definitivamente, la metafísica de la espuma. Poética que defiende la semilla y la memoria, Antropología de la espuma logra configurar acertadamente la poesía como morada del sobreviviente, es decir, como hábitat de aquel que decide no sucumbir y no abismarse, sino sostenerse y resistir la  levedad y el peso de la espuma llamada olvido. Jimmy Marroquín Lazo encontró en la palabra poética el relámpago que puede iluminar la noche. Que su revelación anuncie, en el horizonte, el tiempo porvenir. 

Javier Morales Mena

 

 

 

JIMMY MARROQUÍN LAZO

(Arequipa, 1970) Es abogado e hizo estudios de Literatura en la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa y en la Maestría de Literatura Peruana y Latinoamericana de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima, de la que es egresado. Actualmente cursa la Maestría de Política Jurisdiccional en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado los libros Dinámica del fuego y Teoría angélica, así como poemas y artículos en periódicos y revistas del medio. Tiene en próxima publicación el libro Políptico de la lluvia. El año 2002 se hizo acreedor al Premio Copé de Plata de la Décima Bienal de Poesía convocada por Petróleos del Perú, con el libro  Teoría angélica. 

POEMAS DE ANTROPOLOGÍA DE LA ESPUMA

 Nuestra historia ya fue contada por diligentes bocas anónimas: trivial hasta la náusea, deformada, parchada con imperativos circunstanciales, heroicidades cómicas y huera palabrería solemne.

Nuestra historia

comienza como un instante nacido como un ojo inquisitivo en el espejo, como una puñalada de humo,

                                              como una nómina de agravios,

como un escupitajo sangriento del instinto.

Nuestra historia

es un rastro poco fehaciente en la trama rencorosa del aire, una inminencia de destrucción y epifanía en el calmo bullicio de la lluvia, una arenga de niebla en la inaudita claridad del día,

una llaga de oro reacia al cauterio del verbo que nomina y perenniza. 

 Es ésta, y no otra, la historia

–la espuma–

que nos pule

como morosos guijarros de un mar intraducible.

 

 

DISEÑO DE LA ESPUMA

Un áureo epitafio o una llaga seminal

                                   fundan tu linaje

y renuevan, con aleve unción,

el mandato remoto que te ciñe,

vagamente poseso,

a este censo inaplazable,

                                   de airadas irrisiones:

 

una secuela supurante de imágenes de la infancia

claveteadas con espuma,

proclamas de ceniza

sobre pabellones de noches inclementes,

excrecencias de orquídeas,

ulceradas veleidades,

el naufragio persistente de la sangre

y una piel alzada afiebradamente irrecordable;

 

una pugnaz soledad,

un silbato de grava,

un navío de papel

olvidado en una

nube o una charca,

 

una apoteosis de ávidos tornillos

y bisagras aquiescentes;

de opulenta virutilla

y aserrín ensimismado,

 

un temeroso interrogarse

en la entraña de la madera,

umbrosa y espejeante,

una latencia de astilladas

presencias en su seno

paternal de las ausencias,    

 

ah saga de espuma

en la que te miras

intruso y anudado

 

un progenitor de humo,

sapiente y mudo cultor

de lo inconcluso,

 

carpintero del tedio, colector

obstinado de las cenizas del pasado.

Voces de la cópula, flamígeras usinas, anverso

de la niebla que se lee con fervor incuestionable:

 

a un tubular recuerdo te diriges,

a la pueril mudanza de tu sexo,

 

singladura de semen y delirio,

de oquedades de cieno y fuego líquido,

 

tributo de saliva y piel atolondrada,

de diente hincado al aire y la baldosa.

 

Voces de la cópula, flamígeras usinas,

denodadas zarpas que fustigan

 

las heladas pavesas de la carne.

Vértigo del instante en el pétreo

 

fluir de una eternidad que se desgasta.

Índice esbelto de airadas irrisiones.

 

Vana infancia,

 

ora en ruinas,

ora invicta,

 

en la primordial

regencia de la espuma.

 

 

 

RELACIÓN DE CENIZAS

(Hijo pródigo)

 

Aun cuando no lo merezca

es esta mi heredad, austera y vasta:

 

una marea de sangre, que se contrae

y alza con la fútil evocación de la Innombrable;

 

un puñado de polvo, cifra trepidante

de una infancia asaz irrecordable;

 

una rancia astilla de madera, un precepto

incoercible de aserrín y algas, un susurro

 

enervante de nutricia virutilla, un imperioso

aullido incandescente. Una corona de moscas,

 

una rosa preñada de latencias vigorosas.

Una feble identidad moldeada por el viento

 

cuya estructura es la niebla irreductible; 

una llaga radiante y un arqueado travesaño

 

cubierto por la fatua trama de la piel y el tiempo.

Una vasta erudición de espuma y un pez tullido

 

aleteando agónico en el nicho de mi mano.

Una suma impetuosa de vaho y viento

 

añadida a la tumescencia de la carne.

Un signo vertiginoso de corrosión y deterioro.     

 

Un fiel, remoto, imponderable designio

de un pertinaz vacío inabdicable. 

  Antropología de la espuma. Jimmy Marroquín Lazo. Hipocampo Editores, 2009. 68pp.

 

 

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