Summer Screams de Francisco León

Puedo llegar al mar con la sola alegría de mis cantos, escribió el gran Lucho Hernández a principios de los 60s. Desde aquellos días, mucha agua ha corrido bajo los puentes de la poesía peruana, pero hoy tenemos al poeta Francisco León fascinado por el océano, esa ‘gran madre verdi-dorada’ como la llamó Joyce. Sus poemas salen del fondo de su alma, con rabia, con desesperación, con belleza. El mar y sus musas, esas chicas doradas por el sol del verano, le otorgan inspiración y un motivo para vivir, aunque le ronde el suicidio y la vacía soledad. Para un poeta estos son temas esenciales, y también su enfrentamiento al mundo. En este caso el capitalismo multinacional que nos presenta cotidianamente “nuevas pollerías y caras de drogos”. Pero a León lo salva el rock, el sunset, y su sensibilidad puede extasiarse en una apocalíptica visión del sistema capitalista globalizado. Su poesía solo camina por el recuerdo, entre giros coloquiales: Mira Chato se acerca el verano y con alguna resonancia vallejiana, esas almas pasteleras (que alguna vez nosotros fuimos) podemos disfrutar de un tono fresco y rotundo como el de este libro de León, con cuyas páginas entra con pie firme al nuevo concierto de la poesía peruana.

 

Roger Santivánez

Mayo 2009 /Thalassa  oh Thalassa

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GRITOS DE VERANO

Siomara España Muñoz*

 Hay tanta arena como soledad insalvable, soledad incluso en la soledad ansiada” y es esa soledad, la que lleva a Francisco León Carrasco  a retomar los caminos de un  insólito verano que asoma por calles saturadas de códigos que se amalgaman entre la metáfora de los letreros de neón. Espacios lúdicos que dan desde la perspectiva del lector la sensación de una ciudad alucinada, lo que hace de Gritos de Verano exactamente eso, un grito de auxilio de un verano que se pierde y pierde entre sus piernas a los transeúntes de un tiempo donde el sol evoca, calcina, sueña, mientras acongoja y lacera al mismo tiempo, es este el espacio donde el poeta busca incesante sus propios signos para reivindicarse ante un mar-espejo, o ante la cotidianidad de sucesos con los que pinta lo mismo una puesta de sol que las cosas mínimas a las que eleva en su palabra.“Si para reconciliarme con el sol tuviese solamente dos alternativas elegiría sin pensar/…aquella de las cosas mínimas…”

Es palpable la cercanía del autor con un idioma extranjero, evidente desde el inicio del poemario cuyo título reza: “Summer Screams”, cercanías que seguramente a León le son imposibles de franquear, y que quizá lleven al lector a plantearse varias interrogantes, pero que sin duda es el modo particular con que el poeta se reconoce. Por mi parte me referiré al poemario como Gritos de Verano, (traducción del título).

Gritos de Verano es una intensa travesía que atrapa pero que deja a la vez momentos para evocación y melancolía. El poeta añora desde el  desenfreno lírico su tiempo donde con diferentes voces va sentenciando desde el presente que cualquier tiempo pasado fue mejor” (parafraseando al gran Jorge Manrique)

La voz poética de León  también  transita por las vías donde el amor tiende sus redes y el poeta busca refugios infructuosos entre el mar y la poesía, esa poesía que se encarna entre  ternura y  lujuria, entre frío y dolor, entre arena y fuego. Es una evocación constante porque intuye entre delirios, que después del último “sunset” no habrá ya mas retornos. Así evoca:“Te recuerdo tal y como te encontré: riendo… vestida de botones untando caracoles en tu cuerpo” o, “Hubiera ido por la tierra matando/ conquistando/destrozando los cielos/ Si aquel día/ niña germana/ me hubieses dicho: te quiero”. Rupturas de espacios y tiempos se ponen de manifiesto en este poemario, donde la incertidumbre emana desde lo vivencial para desbordarse luego a lo anagramático de sus diferentes significantes.

Una realidad trazada entre los límites de la memoria y el campo visual de las calles y sus melodramas habituales, así, sin duda es León un poeta visual y urbano, pues va pintando entre ciudad y arena una serie de historias dentro de su propia realidad-ficción.

El poeta vive en un entorno donde convergen mundos paralelos y canta según lo va viviendo, así estas imágenes que a manera cinematográfica traza, dan exacta cuenta del dolor que lo subleva, la cotidianidad que lo vulnera y lo lleva a crear los versos de este poemario.

León de manera recurrente entre sus versos va decodificando la palabra SOL, para en una suerte de simbología lingüística decir a la vez: sol divisa, sol patria, sol calor, sol mar, sol vida, sol, Gritos de Verano”:  “Tengo la más grande tristeza… Juega el sol en tus pupilas”; “…alegría sin par…sol de nuevo cuño”; “…sol de enero”; “para reconciliarme con el sol solo debo pensar en tu alegría”; “…surges… mojando de sol… todas mis playas”; “horas sin sol desperdicios y tú…”

Un universo sensorial es presentado ante el espectador-lector para luego a manera de aislamiento aristotélico girar su visión y descubrir nuevos senderos que evidencien su humanidad, esa humanidad que lo atrapa en los sucesos simples de la vida donde la escasez de la metáfora esencial de la poesía es remplazada por ese laberinto visual de sus poemas que invitan al lector a transitar con acuciosa mirada por cada uno de los versos de Gritos de Verano y familiarizarse con ellos. “Cajas de “Close-up”/… calabazas/ Perros en frascos de shampoo/… cementerios/… niños muertos/… gigantescos árboles/… postes/… madrugada…/playas…/ diosas en cuclillas/… falsos generales…”

Un devaneo constante como los desvaríos proféticos de la trompeta apocalíptica, “Oyendo los atronadores compases del último jazz…/ para subir al cielo va  traspasando  ese espacio donde el poeta desnuda su alma, alucinando por senderos de papeles de colores de un verano disoluto que invita a zambullirse entre un mar rebosante de visiones, es entonces donde el poeta se encuentra con ese yo interior con ese delirante “yo” que le arrastra por un laberinto existencial“…Todos somos náufragos/ en las aguas de la muerte.”

El poeta busca en su interior, y se encuentra en la nostalgia que llega a manera de lluvia de señales, y sólo mengua para dar cabida a la realidad “Una lluvia fresca nos coge por sorpresa Una lluvia fresca ¡NO!   Es el tiempo que llora por nosotros… sobre esta húmeda avenida… /  La vida es un millón de historias que deambulan… sin sentido”

La poesía de León vislumbra la misma individualidad de la mayoría de los poetas jóvenes de América hispana, una voz en solitario que en muchas ocasiones lleva a esta generación a caer en un lenguaje crucigramado, tan personal que resulta imposible decodificar.

En muchas ocasiones el tratamiento de los temas eróticos da cabida a un lenguaje directo que alejado de la sensualidad cae entre lo hirsuto y lo soez, sin embargo son algunas de estas mismas voces las que rompiendo planteamientos van dejando huella en el quehacer literario en general y poético en particular, y es en ese espacio donde los eternos temas universales: amor, dolor, vida, muerte, etc, toman  forma, sumándole León un componente adicional acorde con la contemporaneidad, la destrucción del hombre por el hombre. Esta temática toma entre los finales versos del poeta una visión particular del entorno, entretejido entre destrucción y vida, así sentencia:“Hay demasiado polvo/ para ver el mar…/ un mar sucio y salado/ …ecos… cuerpos muertos/ … suicidios por amores de verano…”

Gritos de Verano es un ir y venir entre el pasado y la memoria, la lucidez y la locura, es un constante peregrinar por abismos donde cada palabra tiene  su propio significante, donde fantasmas y demonios cumplen una suerte de anagrama parabólico.                   

Valery nos dice que la poesía no se hace con los sentimientos sino con las palabras, así León sustenta en la exacta lucidez de la palabra, su poesía.

*Poeta y narradora ecuatoriana.

Mayo del 2009

 

 

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