LOS LÍMITES DEL ODIO

LOS LÍMITES DEL ODIO: UN LIBRO PARAEL APOSTOLADO DE LA NACIONALIDAD

Rolando Sifuentes

Un enfrentamiento brutal con la realidad. Que todo el que lea este libro se convierta en apóstol de la nacionalidad. “Los límites del odio” debe ser para nosotros como la Biblia para un cristiano. Debemos aprender de nuestros errores y no dejarnos mangonear por falsos apóstoles que traen la ruina a nuestro país.

sin-titulo-12EL libro enfoca la Guerra del Pacífico desde un ángulo crítico, ve más el aspecto ideológico que la descripción de la acción bélica misma de la contienda. De ahí que la acción militar es mencionada solo para apoyar la opinión del autor sobre los actores principales de ambos bandos. La opinión del autor está en todas las páginas del libro. Y ya era hora que en nuestro país saliera este tipo de enfoque sobre esta parte de nuestra historia para complementar lo que hasta ahora tenemos: libros de texto más las últimas obras de estilo literario relacionados a este tema que datan de por lo menos dos décadas entre los cuales destacan los libros de Guillermo Thorndike y Congrains Martín.

ANTECEDENTES

El primero de los arriba nombrados no sé si fue una novela histórica o una historia novelada, pero estaba escrito con la técnica de la novela tratando siempre de ser objetiva. El segundo: la colección de Congrains, era menos ambiciosa, pero también muy interesante e iba desarrollándose cronológicamente en la descripción de las batallas, y habían opiniones del autor, pero con menos densidad que el libro de Briceño Berrú. Ambos trabajos cumplieron sus objetivos y quedaron ahí. Después de ellos poco se ha escrito sobre esta guerra de la cual se ha escrito muy poco debido al ocultamiento oficial, quizás por vergüenza. Y ahora tenemos algo diferente que llena un vacío, y viene a ser una denuncia que complemente a la historia oficial y las historias noveladas. El libro pretende ir más allá y no sólo el derrotero para comprender nuestra verdadera historia, la historia que por la década de los años 70s se pensó que la escribirían los nuevos historiadores que prometían mucho y al final se apagaron porque simplemente se dejaron engullir por el sistema.

EL LIBRO

Briceño Berrú nos enfrenta brutalmente con la realidad. En esta realidad debemos primero deslindar cual es el planteamiento del autor. A mi parecer aquí se hace un deslinde de la cuestión ideológica de los gobiernos: del Perú y de Chile, y queda aclarado que es allí donde radica nuestra mayor debilidad. En todo el libro se pone de manifiesto que la ideología del hombre común y gobierno de Chile, es el expansionismo de sus fronteras. Y las víctimas fueron sus vecinos cuyos gobernantes confiaron a ciegas en Chile como lo vemos desde el primer capítulo titulado “Las dimensiones del crimen”. Por la parte peruana queda de manifiesto la ausencia de alguna ideología unificadora de la cohesión ciudadana en el país. Somos un país desarticulado y macrocefálico.

Y esa sea quizás la justificación de este libro: poner en claro nuestra triste realidad en cuanto a capacidad de respuesta a agresiones internas y externas. Que todo el que lea este libro se convierta en apóstol de la nacionalidad que ayude a desterrar los egoísmos que tanto daño nos han hecho como lo estamos viendo al leer desde la primera hasta la última de sus páginas. Y tenemos que poner especial énfasis cuando nos referimos al caudillo Nicolás de Piérola, de quién se encontrará amplios informes aquí. Se note la semejanza que hay entre él y nuestro actual presidente, Alan García, inclusive García ha confesado a la prensa: que él es émulo de Piérola. No dijo García si ello se debía en que ambos tuvieron dos periodos presidenciales o lo dijo porque coinciden en que ambos trataron de entregar el Perú a los chilenos.

PROYECCIONES

Sobre los líderes actuales como García, Toledo y Fujimori, hay también aquí, en el capítulo III, un pequeño comentario, de pocas palabras pero que dice mucho: se denuncia la complicidad de estos personajes con intereses chilenos para permitirles entrar al país y hacerse de sectores estratégicos, sin tener en cuenta la historia de sangre y latrocinio que los del sur protagonizaron en nuestro país. Las intervenciones de Chile en el Perú vienen desde muy atrás: desde los mismos días de nuestra independencia hasta el año 1929, año en que ya termina todo. Son 108 años de intervención, o sea que Chile no es como cualquier otro enemigo pudiera ser. Los pacifistas peruanos, se desgañitan diciendo que debemos olvidar todo, que hagamos como Alemania y Japón que habiendo sido destruidos sus países en la Segunda Guerra Mundial, ahora son grandes amigos con sus enemigos de ayer; y eso es cierto, pero en nuestro caso no podemos hacer un símil con aquellos países. Chile no es Francia ni Inglaterra ni Estados Unidos, se parece más al estado de Israel que va ganando terreno en cada batalla y ya se ha repetido miles de veces la política expansionista de ellos que es perenne y tienen al Perú como su víctima preferida.

PUNTOS PRINCIPALES DEL LIBRO

Debemos poner especial atención a tres de los capítulos de Los Límites del Odio. Estos son el I, el IV, el VIII, y la conclusión que está en el XVIII. Veámoslos uno por uno:

En el capítulo I, “Las Dimensiones del Crimen”, se hace una lista de los principales abusos cometidos por los chilenos, y están enumerados del 1 al 22. No fueron abusos de la soldadesca en momentos que no hubieran estado controlados por sus oficiales, no, ello proviene de órdenes de su propio gobierno, de enviar “merodeadores” para destruir instalaciones civiles e industriales para de este modo debilitar a nuestro país por lo menos los próximos 50 años, cosa que sucedió en la realidad.

En el capítulo IV se demuestra que la victoria de Chile no se debió a su decantada superioridad de raza ni a la supuesta habilidad de sus estrategas militares. Aquí se menciona por enésima vez la malhadada existencia de ese personaje llamado Nicolás de Piérola.

En el punto 4 de este capítulo se hace hincapié a la extrema credulidad de los gobernantes peruanos que no pudieron o no quisieron comprender la índole perversa y oportunista de los vecinos del sur. Este punto es de lo más importante para nosotros, debemos aprendernos esto y leérselo a los más jóvenes para no olvidar la Historia. En este punto 4 se menciona a la segunda incursión de expedicionarios chilenos en nuestro suelo al mando de Blanco Encalada y que llegaron a tomar Arequipa.

Un acápite es necesario aquí para mencionar otra estrategia chilena contra nuestro país en la que utilizaba a nuestros propios connacionales para llevarla a cabo: es lo referente al papel que cupo a los inveterados sediciosos peruanos que movidos por intereses egoístas no vacilaron en recibir ayuda del gobierno chileno para fomentar la anarquía y debilitarnos. Estos malos peruanos sirvieron en muchos casos inocentemente al plan chileno de minar la economía nacional, desde antes de emprender su empresa guerrera. Aparte de Piérola, quien sin duda es el principal enemigo de su patria, también se menciona en este capítulo a Gamarra, La Fuente, Vivanco y otros líderes más de menor importancia, pero que en conjunto minaron el poderío peruano para defenderse de agresores que, por el contrario, contaban con el apoyo del imperio inglés.

En el capítulo VIII también se hace mención al apoyo que Chile da a los sediciosos no solo del Perú, sino también a los de Bolivia y Ecuador.

CONCLUSIÓN

Y finalmente, en el capítulo XVIII, en sus palabras conclusivas, se hace un paralelo entre los gobernantes de 1879 que permitieron que nuestro país se hundiese en la ignominia de una derrota deshonrosa y los actuales gobernantes que mucho se parecen a ellos. A estos habría que recordarles las palabras del historiador francés Marc Bloch: “entender el pasado es una de las claves para construir el futuro”.

Los límites del odio, pues, creo que debe ser para nosotros como la Biblia para un cristiano. Debemos aprender de nuestros errores y no dejarnos mangonear por falsos apóstoles que traen la ruina a nuestro país.

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