Evgueni Bezzubikoff Díaz (Huancayo, 1978) es un joven poeta peruano que reside en la ciudad de Nueva York y producto de esa estancia nos ofrece su primer poemario Cartas de Nueva York , en el que –cito al autor–: empieza a contar sus albas y los allendes en los feneceres del crepúsculo en una sola y larga carta de líneas variadas .
Cartas de Nueva York se inicia redimiendo las huellas indelebles de la memoria, cuyas texturas y aromas tienen signos y sino de mujer: Cuando una mujer se va deja un rastro de óxido/ y una flor destellante que prefiero guardar en un cajón y el tiempo.
A pesar de que Bezzubikoff elucubra el olvido en e l fragor por delinear un destino y un horizonte propios, también constata el ir y venir de la memoria, en un vaivén que lo golpea y devuelve a su condición humana y sentencia al final del poema “Carta desde el olvido”: Y vuelves/ Vuelves a ganarme la batalla del olvido .
El poeta es ante todo un hombre, pero un hombre empecinadamente encadenado a la memoria del amor percibiendo sus diversos matices y dándole certezas en Cartas de Nueva York a la impredecible e insondable materia amorosa: Que el primer amor nunca se olvida/ Que siempre arrastrará sus cadenas por tus días/ Y danza como un estigma del hom bre entre su mínima permanencia en el mundo/ Y nunca muere/ Mal dicen/ Porque el primer amor nunca existe/ Sólo un amor, un amor/ Y ese fue el tuyo…
En el “Escribidor” – el poema más extenso del libro – bosqueja su arte poética y nos descubre totalmente lo que nos va revelando a través del conjunto d e textos: Escribes porque te escudas del olvido… Ese verso nos habla del afán o impulso vital por trascender lo efímero; escribir para defenderse tenazmente del olvido aunque en su trayecto salga herido a veces de muerte y de olvido.
Por otra parte, la urbe cosmopolita y babélica de Nueva York es el tapiz de asfalto y de vorágine que sostiene los pasos itinerantes de Bezzubikoff: Cruzo Nueva York/ y Connecticut tiene un policía de luces y sirenas aclarándome/ a ciertas horas nocturnas/ se visten las estriptiseras/ y se van/ Retorno a las millas, y mil horas sobre el acelerador/ A mi soledad arriba del Hudson/ con no sé qué batalla librada…/ Qué estrella en el corazón . Producto de esa convivencia con la urbe neoyorquina, la de los ojos distintos a decir del autor, Evgueni Bezzubikoff retrata en el poema “Ciudades” la presencia del nictálope que hurga en los secretos y redescubre su propio mundo: Nueva York guarda ojos distintos/ como los abismos distinguen sus vértigos/ su corazón// La ciudad y su innumerable admirador/ la aprecio// Pero todas las noches arreglo sueños y maletas/ Me vuelvo/ Entre una atmósfera de ojos, perfumado de ron/ Busco las faldas de la Catedral de Lima. Sin embargo, el poeta vaticina un retorno sin hallazgos y desnudo a su patria, tan solo ataviado por las huellas de su sino: Pero tú sabes que escapé/ amando a mi patria/ de mi pobreza y tras el devenir de mis pasos// Y un día retorne/ posible por la vida/ sin soga ni cabra y en el devenir de mis pasos .
Evgueni en “Segunda carta a Daphne” entrevé con la armas de la intuición poética el final del itinerario del hombre de una manera desmitificadora y lúcida: Cuando el hombre encuentra el camino/ la efervescencia que tanto le conduce/ Ya queda poquísimo para vivir: / Diez, treinta instantes; esperanzadoramente/ Y no alcanzaré más de ti.
Evgueni es en el fondo un ciudadano del mundo que acaso busca en su larga travesía como en Itaca , del poeta griego Constantino Kavafis, la sabiduría y la experiencia. Empero, la presencia de la soledad también es un signo reiterativo en Cartas de Nueva York : La soledad y la sensación de vacío existencial confrontadas con la presencia de millones de gentes que no nos dicen nada. Tan solo un recuerdo galopante de la heredad familiar que acosa: Donde pesan hasta las bolsas/ vacías del mercado// Mi madre ausente, mi padre/ recriminándome y ausente// Los días indiscretos cruzan el calendario/ y aquí bien…/ durmiendo con la muerte .
He aquí algunos apuntes iniciales a Cartas de Nueva York , poemario en el que el desafío tenaz al olvido y la presencia pendular de la memoria forman un tramado en el largo viaje emprendido por el poeta. De alguna forma, también, he pretendido compartir una lectura que recree el alma vigorosa de tan espléndido amigo y creador, dueño de ideales y sueños tan descabelladamente íntegros y nobles como pocos. Salud por eso y la bienvenida más cálida a los predios de la poesía a Evgueni Bezzubikoff en el inicio de un itinerario poético sin treguas como lo son su vida y su amor por la poesía.
Barranco, 17 de agosto de 2007
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